miércoles, 26 de diciembre de 2012

El Interludio

Bueno, ¿qué? ¿qué tal ha ido la Navidad?
Espero que vuestra armonía familiar siga intacta después de la cena (la mía bien, gracias), porque estos días he estado leyendo en algunos blogs a los que sigo, verdaderas tragedias griegas en relación a la reunión familiar a la que han asistido el administrador o alguno de los amigos que dejan comentarios.
Uno que piensa que la Navidad es esa fecha ñoña que te coge así como tierno y con ganas de abracitos, pero resulta que al parecer, algo debe tener la luz de las velas o el humerío de los petardos que los dichosos niños no paran de tirar con saña, que hace que la gente afile los cuchillos y utilice la cena del 24 para poner en su sitio a la suegra o pararle los pies, de una vez por todas, al primo del primo, al que por error alguien sentó a tu lado.
Pues, chicos, aprovechad el interludio porque ya está aquí la fiesta de fin de año y esa es peor. Ahí no sólo hay cena y charla de sobremesa, ahí está el del gorrito que quiere por fuerza parecer simpático y el de la música machacona que te obliga, sí o sí, a meterte en la fila de la conga.
Yo os aconsejo que vayáis preparando la mente: respiraciones prolongadas, algo de meditación y sobre todo, y esto ya no es broma, que entréis en el nuevo año con muchas ganas de pasar un buen rato. 
Por cierto, no os olvidéis de cerrar los ojos y pedir un deseo. A veces, algunas veces, los duendes andan cerca y se sienten dispuestos a cumplirlos.
Muchos besos a todos.

martes, 18 de diciembre de 2012

Pintar la Navidad

Como manda la tradición, no puedo dejar pasar la Navidad sin enviaros la felicitación de mi familia. Al igual que los años anteriores, esta vez también os trasladaré mis deseos a través de las voces de mis niños, de toda la familia al completo que crece a la par de esta tertulia en la que compartimos buenos deseos desde hace ya   varios años.
Esta Navidad han estado los de siempre, contagiándonos de risas y de frescura, aunque el coro se ha enriquecido con las voces de Julio y de Sami que aprovecharon el puente para venirse al sur.
Todos han aportado una parte de ellos mismos que ya es mucho aportar para la edad que tienen; los mayores cada vez con más desgana por aquello del pavo que empieza a hacer estragos, y los pequeños con una inquietud que acaban desgastando tocando la batería para alegría de los laboratorios de Ibuprofeno que hacen su agosto esa noche con los progenitores.
Destacar, hay que destacar a Ángela que es una "monstrua" con el piano y que ha tocado al teclado el solo de las campanitas, a Pepe que tengo la ligera impresión de que algún día será sindicalista o miembro de GreenPace, viendo la fuerza con la que ha reivindicado la situación de la "mula del Rey" como él dice, y por supuesto a Carlitos que después de contarnos todo lo que le va a pedir a los de Oriente, se arrancó ya terminado el villancico, con una poesía inventada al más puro estilo cantaautor.
En fin, esta vez la música nuevamente ha sido compuesta por Josema Dalton y la letra por esta que os escribe. No nos pidáis calidad artística porque todo se hace en un rato y es muy difícil controlar a los intérpretes. Sólo dejaros invadir por la ilusión con la que la hacemos y con la intención, que no es otra, que desearos, desde el fondo de muchos corazones pequeñitos: FELIZ NAVIDAD.



video

jueves, 13 de diciembre de 2012

A tomar morcilla

Antes, cuando los niños eran más pequeños y sobre todo por horario de trabajo, yo era compradora de grandes superficies para todo, incluida la carne e incluso el pescado. Pero ahora que por desgracia tengo libres las mañanas, reconozco que la calidad de la carne de la carnicería y el pescado de la pescadería no tiene nada que ver con el empaquetado ni en el sabor ni en el aroma; así que al menos una o dos veces por semana voy al mercado, la plaza como la llamamos por aquí abajo, o la carnicería de mi barrio a hacer la compra.
Si el día en cuestión tengo prisa, la verdad es que me desespero, porque si al igual que en el producto hay diferencias, no son menos las que se notan en cuanto a la relación con el personal que atiende y la confianza a la hora de exigir en los alimentos.
Tu vas al supermercado, te acercas a la sección de carnes, eliges el envasado que más se acerca a tus preferencias y como dice el otro: hasta luego Lucas. Pero si vas a la tienda, amiga, eso ya es harina de otro costal.
En primer lugar, en la carnicería de mi barrio todo el mundo se conoce, incluído por supuesto el carnicero, así que de entrada eso lleva implícito ya un protocolo de saludos entre todos tipo ¿cómo están tus padres? o ¿le gustaron los filetes a Fulanito? que al principio a mí me dejaban fuera de juego.
Claro, como todos somos vecinos, también se conocen los que están allí entre ellos, con lo cual a la pregunta del carnicero, siempre hay un voluntario para seguir con la charla que apostilla: no sabía yo que tenías malo al abuelo. Así que de pronto te encuentras en medio de una tertulia de la que aunque no quieras eres parte, porque al final, aunque sólo sea por educación, no tienes más remedio que acabar deseándole a la señora que  todo se arregle y la enfermedad sea leve.
Pero hay otra cosa que a mí me da un poco de cargo de conciencia. Y es que ya he dicho alguna vez que como ama de casa soy regular, tirando a mala. Me las arreglo pero sin grandes aspavientos, y es en sitios como este donde de repente me siento pequeña. Las veo allí, en aquella especie de teatro donde exponen sus grandes conocimientos para diferenciar la babilla del jarrete y me entra como una sensación de desazón. "No, no", decía el otro día una señora de mediana edad, "a mí no me pongas morcilla de la que suelta manteca, sino de la otra". ¿Pero es que existe de la otra?, pensaba yo , mientras ella me hacía gestos de "a mí me la va a dar éste". ¿Y qué color tendrá la morcilla esa? ¿y por qué no la querrá? "Seguro que el simpático éste a mí me la da siempre y se está quedando conmigo", volvía yo a pensar en un momento de desaliento.
Pero hay sobre todo una frase que me deja anonadada. Yo he llegado a sospechar que es algo más que una frase, es como una marca que divide a las que verdaderamente entienden de lo que tienen entre manos de la pobre gente como yo, aprendizas eternas del arte de ser "mari". Es cuando dicen eso de: "a mí dame cuarto y mitad". ¿Cuarto y mitad? ¿Y esa qué medida es? Pero veo que el carnicero no pone objeción a la cuenta de gramos extraña y que el resto de los contertulios la miran sonrientes, como pensando "esta es de los nuestros", me digo yo con la imaginación desbordada.
En fin  que a mí lo de la morcilla me llegó al alma. Yo ese día no dije nada para que no se notara mucho la ignorancia, pero mañana mismo voy dispuesta a quedar como una reina. Yo quiero morcilla de la que no suelta manteca colorá...aunque no me sirva "pa na". ¡Ay qué alegría! Ya disfruto pensando en el glamour que eso va a darme.

domingo, 9 de diciembre de 2012




Mirad qué cosa más simpática acabo de copiarme de un amigo bloguero que es un artista (su blog se llama Redeando).
Sólo tenéis que pinchar en conectar y encenderemos entre todos la Navidad.
Con mis mejores deseos:


conectar
FELIZ NAVIDAD









jueves, 6 de diciembre de 2012

Estoy aquí

Bueno, ya estoy aquí.
Sé que algunos de vosotros me habéis echado de menos, lo sé porque me lo habéis dicho, incluso con regañina incluida (con mucha gracia) de una asidua a la tertulia. 
Pero es que, como ya os conté y no quiero volver a ponerme pesada, esta ha sido una semana distinta, con entrega de premio en medio y mucha, muchísima emoción.
Un poco al hilo de la entrada anterior y canturreando por lo bajo la cancioncilla que se me ha quedado pegada, os diré que en esta semana he sentido que de alguna manera los sueños cumplidos son tangibles, se pueden tocar con los dedos y si, como dice el estribillo eres capaz de comértelos enteros, os aseguro que dejan sabor en el paladar del corazón.
Supongo que como los sueños son personales e intransferibles, cada uno tendrá una forma diferente de sentirlos. En mi caso, por esta adicción al dulce de la que ya hablamos otra vez, a mí este sueño en concreto que se materializó el martes con placa de plata y aplausos, ha tenido una cantidad de matices tan distintos al final del paladar que ya han pasado varios días y a pesar de todo, tengo la sensación de seguir apreciando la exquisitez de los sabores.
Está esa sensación dulzona que deja la miel que siempre te proporciona el cariño incondicional de la familia, la mía propia y por supuesto, la que llegó por matrimonio y con la que comparto un cariño amasado con el tiempo, además del apellido de mis hijos. Esos, unos y otros, siempre están ahí. Su sabor es tan natural y tan puro que parece que la colmena ha sido abierta hace sólo unos minutos, para que el néctar pueda ser saboreado por esta mortal que os escribe.
Pero es que luego está la sensación de la amistad. Uf! esa es capaz de hacerte vivir como un niño en una tienda de golosinas. Son tantos los sabores y tan distintos, que para una golosa como yo, el rincón donde atesoro las sensaciones que son comestibles, se queda ahíto y satisfecho para siempre, a pesar de la glotonería.
Y es que los amigos saben a chuches porque cada uno es distinto al otro y te lo demuestran a su manera, con la exquisitez de la fresa chicle del que llama por teléfono para decir felicidades, con el olor a vainilla del mensaje cariñoso al móvil o al correo; o con el aroma afrutado y delicioso del que deja tímidamente un "me gusta" o un mensaje en facebook, porque sabe que sólo hace falta ese gesto para que yo sepa que están ahí y que se alegran de veras.
Bueno, luego están las de todos los días, las locas que me aconsejan a las nueve de la mañana sobre el abrigo que queda bien para acudir a un evento de este tipo o las que aparecen de repente, cámara en mano, para cubrir a modo de periodista de cultura el momento de la entrega y del recuerdo. Esas tienen mención especial porque son la tarta de chocolate con relleno de fresa con la que deliro en los días de dieta.
¿Qué puedo deciros de vosotros? De mis amigos incondicionales y compañeros de blog, unos conocidos y otros a los que ni siquiera pongo cara y que formáis un paquete de caramelos surtido, a los que voy descubriendo con sorpresa cada vez que un comentario con ruido a celofán se deslía.
Sólo puedo decir: GRACIAS A TODOS.
P.D.: Seguramente estaréis pensando que a veces los sabores también son amargos, porque claro siempre quedan los otros, los del ¿y a mí qué me importa? o ¿qué se habrá creído ésta?, incluso "el premio se lo habrán regalado"...seguro que también los habrá habido. Pero es que mi teoría es mentalmente muy simple: existiendo como existe el dulce ¿para qué quiero yo el amargo? Anda hombre.....

sábado, 1 de diciembre de 2012

Entretenimiento

Para todos los que como a mí os gusta jugar con las palabras, es muy importante recordar que si buscáis en  el diccionario comprobaréis que DIFÍCIL no es sinónimo de IMPOSIBLE. Así que, ya lo sabéis, hay que seguir intentándolo siempre, hay que continuar buscando el antónimo de la dichosa palabrita y como dice esta cancioncilla que se ha colado en casa por Navidad, los sueños están para comerlos enteros. Tenemos que conseguir que se alojen en nuestros órganos, en nuestros sentidos y en los poros de la piel.
¿El entretenimiento de hoy? Escuchar la canción y si os apetece, contarnos un sueño. Sólo hay algo más maravilloso que soñar y es convertir esos deseos en realidad.
Besos sonoros.


 
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