Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de abril de 2013

LAS COSAS SIMPLES

Qué verdad es esa de que las cosas más simples son algunas veces las más hermosas.
Llevo unos días sumergida en las emociones a pulmón, sin apenas tomar resuello y con los ojos de par en par, atesorando gestos, archivando miradas y apilando sonrisas. Sé que todo se quedará para  siempre guardado en el cajón de la memoria donde se dobla con cuidado lo mejor de aquello que vivimos. Y entre todas esas emociones, ando enfrascada en preparar no sé si con esmero, pero sí de la forma más profesional que sé, las presentaciones que hago de la novela, las entrevistas en la radio...todo aderezado, claro está, con la magia de la pregunta improvisada o la respuesta sincera, pero dentro del orden y la cordura con la que a mí me gusta hacer las cosas para sentirme segura.
En cambio ayer, ayer viví una mañana de ensueño en el colegio de mi hijo, sin más preparación ni más ritmo marcado que un trocito de historia que escribí en cinco minutos, con la única intención de captar su atención por un ratito, de enredarlos con el hilo grueso de la emoción de la literatura.
El colegio ha estado celebrando esta semana el día del libro, y fui invitada por el equipo directivo para darles unas charlas como la mamá escritora del compañero de sexto, como la vecina del barrio a la que conocen de siempre pero que ellos no sabían que escribía.
Tratándose de niños, todo es imprevisible con ellos. Por eso yo tenía mis dudas, la verdad. Pensaba que me enfrentaría a la risita imparable, al comentario jocoso...en fin, a lo propio de la edad.
De repente, ante mi sorpresa más absoluta, me encontré con muchos pares de ojos puestos en mí, con muchísima inocencia disfrazada de aprendiz de adulto, y  unas ganas enorme de estrenar sensaciones y vivir aventuras.
A medida que avanzaba la mañana, disminuía en proporción geométrica la edad. A medida que nos acercábamos a la hora en que la campana pone fin a la jornada, todavía era muchísimo mayor la inocencia y más grande la apertura de los ojos que miraban. 
Con ellos llegó el momento mágico de la verdad más sincera, del cuento sin terminar con el que, al igual que a los mayores, les lancé el reto de continuar la historia y convertirse en escritores con esperanza de premio. "Yo no puedo pensar, tengo seco el cerebro", me dijo un pequeñajo de siete años con aspecto de ser un trasto. "Hay que leer mucho porque el que no lee nada,  nada sabe", me decía una compañera suya con dos coletas, una mella enorme y gracia para exportar en camiones.
Hoy he recogido los laureles del éxito, en boca de algunas madres que me han hablado de la ilusión con la que llegaron a casa, de la emoción con la que les fueron contando que una madre que es escritora, les había dicho que todos, todos ellos también pueden serlo. Hay algunos que quieren incluso mandarme la historia, por si acaso yo la necesitara para hacer con ella otra nueva novela.
Y yo me he venido a casa, con el corazón revuelto y la sensación tibia de verme recompensada por aquellos ojos brillantes que me mantenían la mirada. Son, sin duda alguna, esas cosas sencillas que sin siquiera merecerlas, un día te regala la vida.

miércoles, 10 de octubre de 2012

La reunión del cole

El lunes estuve en la reunión del colegio donde estudia mi hijo. El Centro tiene la sana costumbre de convocar a los padres a principio de curso y hacer una presentación formal de los profesores que van a darles clase, de los tutores que atenderán nuestras preguntas y, en general, de la dinámica diaria y las novedades de la etapa que empieza.
Primero estuvimos cada cual en la clase que nos correspondía, viendo con nuestra propia perspectiva el lugar exacto donde nuestros hijos pasan las horas y amasan la vida fuera de casa, esa vida que están empezando a estrenar con conceptos nuevos, con cambios de vocabulario e incluso de voz; y luego, agrupados por ciclos, nos estuvieron hablando de normas de convivencia y exigencias curriculares.
Mi marido, que por circunstancias laborales no puede acudir a menudo a esas citas, se quedó en algunos momentos prendido del escenario que nos rodeaba y no pudo evitar comentarme en voz baja cómo de distinto era el recuerdo que él tenía de lo que había sido su etapa de colegio.
Y es que la verdad, esas clases con pizarras digitales en las que el profesor puede utilizar miles de recursos audiovisuales para captar la atención, esos ordenadores personales con los que los alumnos trabajan utilizando internet que ya no es el futuro sino el presente...todo contribuye a hacer del colegio una ventana abierta al mundo, desde cuyo pretil los profesores tienen la dura tarea de irles enseñando a conjugar verbos, a despejar los paréntesis, a participar en un blog y a ser solidarios.
Por todo eso, me da mucha pena oír hablar de recortes en la educación, me duele saber que empieza a darse marcha atrás, y que todo este esfuerzo que ha costado ponerse al día y convencer tanto a maestros como a padres que eran reticentes a la modernidad, va a quedar en aguas de borrajas, cuando sólo hay que tener un poco de interés en las noticias para ver que en eso de que la educación en nuestro país es malísima y el nivel muy bajo hay mucho de desánimo y no poco de mito, y que Andalucía está dando al mundo importantes avances en Investigación a los que no se les hace nunca la suficiente propaganda.
Pues yo tengo que decir que a mí me gusta el "cole" en el que ya termina la primaria mi hijo. En él los niños tienen un aspecto mentalmente muy sano. Es un lugar abierto, donde siempre cuentan con la colaboración de los padres y donde los que se van, siempre vuelven.
Ojalá la crisis se arregle tan pronto que no de tiempo a que se estropee todo. Ojalá no tengan que pagar con su futuro los platos rotos de otros.
Desde aquí, va mi agradecimiento a la Comunidad Educativa del Colegio en el que estudia mi hijo por el interés compartido en hacerlo crecer como ser humano. Como dice la canción ellos "y mi canto saben a quien nombro tanto".

sábado, 15 de septiembre de 2012

UN NUEVO CURSO


Parece que el inicio de curso va comenzando. Unos antes y otros después, dependiendo del nivel de dificultad al que este septiembre se enfrenten, nuestros estudiantes han vuelto a retomar las mochilas y las carpetas de empapelar mitos y guardar secretos, y andan revueltos comprobando listas y asimilando cambios.
Creo que desde el punto de vista de madre este es el mejor momento del año. El curso empieza, la rutina se hace dueña de la casa y nos da un respiro, por fin, para ventilar cuartos y ordenar armarios. De momento el agobio de los deberes sin hacer y los temas sin estudiar no han tenido tiempo de venir a molestar desde un rincón donde los guardamos después de la tormenta de los últimos exámenes, y los vestigios relajantes del verano todavía nos tienen ocupadas las retinas con una luz brillante con la que nos hemos encargado de poner a punto el diodo emocional de nuestras pilas.
Tengo que confesar que algunas veces echo de menos aquella sensación de empezar otra etapa y recuerdo con nostalgia los olores a plástico de forrar y a madera de aula cerrada con la que nos recibían esos primeros días de curso, aquellos primeros tiempos de niña. Todo era nuevo, todo era tan igual y a la vez tan diferente que al mirar hacia atrás hay un tono de melancolía que envuelve aquel tiempo, como si miráramos hacia nuestro interior con el color de las cámaras de fotos antiguas, con el tono sepia de lo que ya no volverá pero que siempre será nuestro.
Evidentemente con aquellos recuerdos llegan las personas, compañeros a los que ya no reconoceríamos si viéramos por la calle o amigos que lo siguen siendo y que han madurado a nuestra vez, tanto que ahora se alegran de volver a la rutina, como yo, tal vez para sentir esta vez en corazón ajeno aquella dulce sensación de regresar.
Qué no daríamos ¿verdad? por tener como problema a un tutor muy exigente, a un compañero pesadito o un conserje protestón. Qué no haríamos, ahora que sabemos de verdad lo que es la vida, por volver a soñar con la excursión de fin de curso, por volver a recorrer aquel recreo y por sentir el corazón con su mirada.
Espero que este nuevo curso de la vida que empieza nos traiga a todos los éxitos y la alegría que nos merecemos, esos que parecen que dejamos entre las tizas de pintar en la pizarra y los lápices de dibujar el futuro.
Feliz curso nuevo y mucha suerte.

lunes, 6 de febrero de 2012

EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA


Hace apenas dos días vi a mi hijo de diez años hacer sus deberes (la tarea que decimos los andaluces) de la asignatura de Ciudadanía.
El chiquillo andaba un poco despistado más en la forma que en el contenido con unas actividades y yo, por la curiosidad de lo que se viene hablando estos días,  le eché un vistazo a lo que hacía.
Andaba leyendo un texto que trataba la autoestima. En él se le contaba a los niños, a modo de moraleja, la historia de un chico llamado Agustín, al que los compañeros de clase habían conseguido bajar la autoestima a fuerza de hacerle ver muy clarito que no era tan estupendo, tan delgado ni tan extremadamente listo como la mayoría de ellos.
Detrás del cuento, el trabajo consistía en unas preguntas sobre la moraleja, donde la finalidad, como todos entenderéis, era la que fue, que mi hijo acabara reconociendo que la situación tiene tintes de realidad y que le quedaban muy cerquita los casos de compañeros de clase a los que ya se les está tratando así, simplemente porque son o porque los demás sienten que son diferentes en su aspecto, comportamiento o color de piel.
Después de saber que la asignatura va a ser sustituida por otra con menos componente ideológico, como dice nuestro ministro de Educación, yo no hacía más que preguntarme qué parte de esta ideología es la que tanto molesta a este señor y qué es lo que chirría de esta enseñanza que ha llevado a tantos padres a pedir la objeción.
Es curiosa la situación. Resulta que en España, o al menos en Andalucía, se le dan subvenciones cuantiosas a colegios concertados cuya ideología religiosa queda patente y, diría yo, orgullosamente lucida por los padres de las criaturas. Y en este caso, a pesar de circular dinero público, es decir de todos, no hay posibilidad, si el cole te toca porque lo tienes al lado de casa, ni de objetar ante la asignatura religión que en este caso es obligatoria, ni por supuesto protestar por un uniforme con pantalones Corte  Inglés y jerseicitos bordados. Sólo te queda, si no te mola el ambientillo, llevarte a tu crío al próximo colegio que pille más cerca, aunque la distancia se mida en hectáreas.
Pues la verdad es que no entiendo como es posible que el politiqueo cansino de los partidos convierta a la gente en ciega cuando se trata de sus propios hijos. No creo yo que hablar de solidaridad, de educación en el más primitivo sentido de la palabra y de valores ciudadanos pueda nunca hacer daño a nadie.
Ya he comentado alguna que otra vez que yo no soy religiosa. Pero tengo que decir que curiosamente y aunque parezca una incongruencia, nunca me he negado a que mis hijos den religión. Mientras que han sido pequeños y yo tenía el deber de elegir, siempre les he marcado esa opción, en parte porque el colegio no ofrecía una alternativa adecuada, y sobre todo porque sé que a nivel de asignatura, todo lo que iban a aprender es bueno, todo lo que iban a sacar de allí eran valores que algún día, independientemente de la ideología que profesen, los van a hacer mejores personas.
Me parece a mí que el mundo está bastante revuelto ya para crear conflictos que no tienen sentido. Qué más da como se llame la asignatura. ¿Con qué moral se van a enfrentar los autores al nuevo libro de texto? ¿Qué van a decir ahora? ¿Que hay que respetar a los demás? Pues, a buenas horas…
En fin, como siempre la política y el poder por encima del sentido común. Una crisis que no permite aumentar la plantilla de profesores, pero eso sí, asignatura nueva, formación nueva, libros de texto sustituidos. Todo sea en nombre de la arrogancia más atrevida.


domingo, 30 de mayo de 2010

LOS GRADUADOS

Esta semana pasada mi sobrina Elisa, María la hija de mi amiga Mª Carmen y supongo que la mayoría de sus compañeros de vida se han graduado como bachilleres.
Cansados como están de este último mes de locura, estas pobres criaturas tienen que enfrentarse ahora a la Selectividad, palabra fea donde las haya que todavía provoca en mí un ligero temblor en las manos y que me trae el espeso recuerdo de aquel "vivo sin vivir en mí" que soporté cuando no hubo más remedio que hacerlo.
Sin duda ellos son los que tienen que pasar por la prueba y ellos son los que tienen que decidir que harán a partir de ahora con el resto de sus vidas. Pero sé de buena tinta que el momento es duro también para los padres que estos días parecen cargar a sus espaldas con el peso de una vida que no es suya pero que duele mucho más que la propia.
El panorama que Europa dibuja no está para nada coloreado del rosa del final de los cuentos y debe ser muy difícil disimular el desaliento, mientras se tararea la canción de la esperanza que nunca podemos dejar que falte en la vida de alguien que empieza y se bombardea con el sonido de la bala del cañón de la realidad traicionera, en los mástiles del barco de los sueños de tu hijo.
Probablemente la mayoría aspiran a carreras que no tienen futuro profesional aunque suenen a gloria por la exquisita construcción de su nombre. Seguramente muchos de ellos sabrán ya de antemano que el pistoletazo de salida nunca sonará en sus oidos por la diferencia vertiginosa de una décima en la nota.
Me provoca pesadillas pensar solamente en enfrentarme al momento "consejo" y a la pura realidad de que son sus deseos los que despegan y de que ya van teniendo edad para ser sus propios dueños.
Espero, queridos papás que las hadas repartan suerte para estos trocitos de vosotros mismos que están ya preparando las alas y de verdad les deseo, con el trozo del corazón que reservamos para ellos el mismo día que abren los ojos que salgan para adelante en la carrera de obstáculos que les depare la vida, que el ambiente de crisis no se coma sus esperanzas por estrenar y que el destino les recompense, enormemente, el esfuerzo.
Suerte en la vida a los hijos y un abrazo de solidaridad para los padres.

miércoles, 12 de mayo de 2010

EL VELO EN LA ESCUELA

Me lanzaban dos amigas desde el Facebook y la sección Hablemos de, el reto de dejar mi opinión sobre este tema controvertido y en algunos casos más complicado de lo que pueda parecer.
Como ocurre tantas veces cuando hablamos con pasión de algo que nos gusta o nos enerva, creo que mezclamos conceptos que son independientes y que no tienen por qué estar unidos aunque formen parte del argumento. Me explico.
Una cosa es saber, como todos sabemos, que el velo en el mundo musulmán es mucho más que un elemento puramente religioso. No hay que ser muy listo para entender que detrás de la dichosa prenda hay un pasado de discriminación femenina, de sumisión e incluso de malos tratos. La razón de ser de este "tocado" no es más que la representación material de una costumbre ancestral que prohíbe a la mujer musulmana elegir libremente a su pareja. Cubrirlas y ocultarlas en el fondo del baúl del analfabetismo y de la oscuridad, las "protege" de la atracción masculina a la par que permite a los padres asignarles a su gusto el marido. Una vez casadas, el velo continúa cumpliendo su misión para que el marido impuesto haga el papel que aquí llamaríamos de "macho ibérico" y no se sienta menospreciado por su entorno.
Pero es distinto para mí, una vez que asumimos el orígen del pañuelo, tener claro cómo debemos actuar con estas chicas que vienen a nuestros países y a nuestras escuelas.
En este tema yo soy partidaria completamente de que se les permita entrar cubiertas con su velo. Creo que en Francia se ha cometido un error con la prohibición que a la larga pasará factura. Soy de las que piensan que no podemos llegar como Atila en su caballo, pretendiendo arrasar en un día las costumbres de un pueblo. La falta de educación, el desconocimiento y la discriminación hay que combatirlas con educación, acercamiento y con aceptación del bagaje que la persona trae detrás. Lo único que van a conseguir en Francia es que las recluyan es escuelas privadas islámicas, donde estas chicas nunca van a tener la posibilidad de aprender que el mundo puede y debe ser también para ellas. Probablemente si las mezclamos con nuestros niños y las dejamos mirar a su alrededor desde la familiaridad y la seguridad que les confiere el velo que es lo que conocen, la siguiente generación, las hijas de éstas que ahora son hijas, no llevarán pañuelo a la escuela, probablemente los hijos de éstas que ahora son hijas empiecen, por fín, a ser educados en la igualdad.
No puedo dejar de acordarme de mis tíos de los que ya hablé una vez, emigrantes en los años 60. ¿ Qué hubiera sido de mi tía si los holandeses, tan civilizados ellos, no le hubieran permitido vestir el luto que su corazón necesitaba por la muerte de mi abuela? ¿Era o no era ir de negro durante dos años una discriminación para la mujer de entonces?¿ Cuántos años nos está costando en España que las madres no obliguen a las hijas a limpiar la suciedad y el desorden de sus hermanos varones?
Ahí llevais el debate...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
UA-11714047-1