lunes, 27 de diciembre de 2010

EL REGALO

El año viejo llevaba ya un rato guardando sus cosas en un hatillo. Acarreaba con él para siempre los sueños rotos y los deseos no cumplidos de tanta gente, que no pudo dejar de pensar en cuánto daría por poder charlar, aunque fuera un ratito, con el año nuevo que llegaba a sustituirlo en la ardua tarea de dejar pasar el tiempo.
Pero eso era imposible, ya se lo habían advertido. En el escaso segundo en que se cruzaran con el sonido de fondo de las campanadas del reloj, apenas había tiempo para un apretón de manos y el esbozo de una sonrisa sincera, neutra, sin estridencias, en la que el nuevo recluta del tiempo no pudiera adivinar la amargura ni la infelicidad del que se iba sin culminar la tarea.
Miró nuevamente el reloj. Estaba nervioso. Volvió a apretar el lazo del regalo que dejaba para el año entrante, lo único que podía hacer para no sentirse inútil, y volvió a mirar a su alrededor por si se dejaba algo.
Prefirió no pensar en lo que había pasado ni en lo que pudo ser y no fue. Su misión terminaba y tendría toda una eternidad, más adelante, para cargar con el peso plomizo de su calendario. Ahora había que estar a lo que estaba. Era la hora de dar el relevo y de atisbar, en la cara del compañero, la emoción de venir al mundo.
Con la primera campanada apareció, de la nada, con el traje planchado y el peinado perfecto. Su cara le recordó a él mismo en el espejo, cuando todo era ilusión y el futuro parecía fácil.
Se acercó, con la seguridad del maestro que parece vivir para mostrarte el camino, y se atrevió a darle un abrazo, en un ataque de emoción que sorprendió al año nuevo. Le entregó su regalo, envuelto en el papel brillante en el que se envuelven los sueños y le indicó el camino al escenario donde ya se oían los aplausos.
Antes de irse, con la última campanada de las doce, lo observó desenvolver nervioso el paquete donde él le había dejado de regalo la esperanza, esa que no debe perderse nunca, y que todos los años viejos tienen que dejar al que llega para que ilumine con su luz nuestras tinieblas.
- Suerte compañero- dijo, mientras saltaba hacia el lugar donde se guardan los años que vivimos- que la esperanza ilumine el camino de todos y ayude a cada uno a ganar la batalla de su guerra.

FELIZ AÑO NUEVO.

lunes, 20 de diciembre de 2010

FAIRYTALE OF SAN FERNANDO

Los amigos que me conocen bien, así como las personas que vienen a tomar café desde que esto empezó, ya saben porque hablé de ello en una entrada que se llama Frecuencias de Navidad, de una costumbre que en mi familia se hizo sin quererlo ley. Todos los años, aprovechando la hospitalidad, paciencia y amor al prójimo de mi cuñado Josema, músico y santo varón donde los haya, grabamos un villancico con todos los niños de nuestra familia (mis hijos y mis sobrinos) y de la suya que por años de convivencia y por cariño mutuo de alguna manera también siento mía. Es una pequeña broma que con el tiempo se está convirtiendo en todo un acontecimiento, ya que cada vez hay más gente colaborando, saqueando el mueble bar de mi hermana y aportando su idea para que salga al menos lo más divertido posible. El año pasado utilizamos la música de una de las canciones del nuevo disco de Los Hermanos Dalton, y este año, para el más difícil todavía, hemos hecho una versión de un villancico del grupo irlandés The Pogues, ahí es nada.
Como siempre, la que escribe se atreve con la letra, los niños se lo pasan bomba y en medio de la locura, Benji Montoya pone el acordeón, Jesús la batería, Josema el trabajo de la composición y todos en general, muchas ganas de echar unas risas y de pasar una tarde para el recuerdo.
No pidáis, por favor, voces cristalinas ni tonos afinados, la edad del mayor es 9 y hay una parte muy voluminosa del grupo que tienen menos de cinco. A pesar de todo, se afanan como profesionales en que la cosa salga bien, y es al final, con el trabajo hecho, cuando sale a flote la inocencia y ese toque de locura que les permite ser niños.
Este año yo destacaría a dos personajes que se han llevado la palma. Hay un “chuche” (dulce) Navidad de Carlitos que me enternece hasta el alma, y un espectacular final de cine protagonizado por Pepe, que en un arranque de artista y cuando se vio ante ese micro, no pudo dejar de decir su última frase favorita: “hasta el fifinito y maz allá.”
Espero que lo disfruteis como lo hacemos nosotros. Es nuestra particular manera de felicitar las fiestas.





 


Una pequeña parte de los artistas. Faltan los más
pequeños

domingo, 19 de diciembre de 2010

A

TodoS

Los amigoS

Que han hechO

Posible la locurA

A aquellos que vieneN

A compartir sentimientoS

Y dejan una parte de si mismoS

Dibujada en el color de las palabraS

Para muchos que se acercan más de un díA

Y me cuentan la emoción de sus silencioS

A esos otros que dejaron un emaiL
  
Y a los que están trás el cristaL

A los anónimoS

A todoS

FELIZ
NAVIDAD




jueves, 16 de diciembre de 2010

EL BELÉN

Bueno ¿qué? ¿Cómo va el tema del Belén y el arbolito?
Este año, por compromisos y circunstancias variadas, voy extremadamente atrasada en estas cuestiones y tengo que confesar que a día de hoy sigo con la casa sin adornar. Esperando estoy “con ansia” que llegue el fin de semana para cumplir con honores con la tradición del mes.
Creo que lo que me ocurre es que desde que los niños se han ido haciendo mayores, esto de la Navidad ha perdido aquel puntito de deporte de riesgo que tuvo en mi casa durante un tiempo.
No sé si he contado ya que mis niños, en especial la mayor, han sido más bien “moviditos” y que a lo largo de su infancia me dí cuenta de que cualquier actividad que iniciara, podía llegar a convertirse con ellos en una historia para no dormir, digna de ser recordada.
Mi primer asalto fue con el árbol. La niña apenas andaba y nos dio el arrebato de papás recientes, esa ilusión primeriza que te entra con la novelería que hace que te pases el primer año de fiesta en fiesta, disfrazando a la niña de pastora en diciembre, de princesa en carnavales y de flamenca en la feria. El caso es vivirlo todo. Pues bien, allí estuvimos cumpliendo con la estampa ñoña, dejándola poner las bolas, dibujando su primer “christmas”… Fue moverme un minuto, el tiempo de alejarme de ella y tuve que salir de estampida al oír un ruido raro: mi hija, que supongo que tenía más ilusión por tener una mascota que por aquel extraño objeto, había pegado un tirón a una guirnalda y se paseaba por el salón, así como la que no quiere la cosa, arrastrando el árbol de Navidad lo mismo que si estuviera sacando a Nela, una perra que tenía mi cuñada y que a ella la volvía loca. Claro, las bolas por el suelo, la nieve artificial pringando mi antigua alfombra…Desde entonces, a partir de ese año, mi árbol de los deseos se ponía, y esto lo juro, atornillado en un mueble.
Pero con eso de que el hombre es el único que sigue tropezando aunque le duela el morado, se me ocurrió ampliar la tradición poniendo también el Belén. Vamos, como para rizar el rizo.
El primer escollo fue mi marido. Tengo que explicar que tiene como hobby hacer maquetas y que además las hace muy bien, el tío es un experto. Pero claro, eso lo convierte en un purista y aquel hombre sufría lo indecible con el fallo de las escalas. Se pasaba el día protestando porque la oveja era dos veces más grande que el cerdo, porque a la Virgen había que empujarla para que entrara bien en el pesebre y sobre todo por un pastorcito enorme, que hubiera aplastado al burro de haberse subido en él. Y yo que sé…las figuras eran de distintos paquetes y no había manera de que cuadraran en el mismo cuento.
Como mi familia es muy de tradiciones, vinieron todos al cafelito con la excusa de montar el Nacimiento. Ocho o nueve figuras que tenía aquello, pero el caso es juntarse. Tanto jaleo de primos, de adultos, de pasteles que cuando se fueron todos, me dí cuenta que el niño que iba a nacer había desaparecido. El Belén que era de los veinte duros tenía unas figuras enanas y el niño, no quiero ser irreverente, pero que por tamaño podía haber sido una mosca, no volvió a hacer acto de presencia nunca. Mira que siempre he creído que alguien tuvo que llevárselo en la suela del zapato al pobre. Tantos tiempo en la bolsa de plástico y no llegó ni al estreno.
Ese Belén fue la leche. ¡Y lo que lo disfrutaron…! Las figuras no estaban quietas, más bien iban y venían. Mi madre con mucha guasa me dijo un día que llegó: lo que más me gusta de este portal es que es viviente. Vamos lo digo porque los pastores están encima de tu cama y San José en el cuarto de baño.
Una tarde me llamó mi marido y me enseñó las figuras. Estaban todas juntas, de pie, con aire muy digno, pegadas hombro con hombro y mirando hacia el mismo sitio. Miguel me miró y me dijo: ¿ésto que es un Belén o una manifestación de Astilleros?
En fin, que los años pasan y da nostalgia mirar atrás. Ahora el pequeño tiene nueve años y ya es un chaval. Son mis sobrinos los que han cogido el testigo de las travesuras y a ellos les toca escribir ahora, su propio cuento de Navidad.

domingo, 12 de diciembre de 2010

YA ESTÁ AQUÍ

Parece que fue ayer y ya está aquí otra vez la Navidad.
Hace días que venía descubriendo los indicios de que nuevamente llegaba a colarse por mi vida. La intuí en las bombillas apagadas todavía de la Avenida, en el billete de lotería que jugamos cada año y en ese ambientillo dulzón que envuelve a la gente de pronto, como si el sabor del mazapán o la miel de los turrones, nos infectaran el pc del corazón con un troyano imposible de detectar en el software.
Pero ayer me la encontré definitivamente, en su medio natural, mientras paseaba por el Centro Comercial de mi pueblo. Allí estaba ya Papa Noel, sonriendo desde los cristales, haciendo juegos malabares o volando por el cielo artificial de un escaparate al gusto de la franquicia de la tienda. Por allí andaban los renos con cara de dibujos Disney, la nieve de mentira y los regalos vacíos, envueltos en brillos de papel charol: la Navidad servida en manteles de lujo y cristalería fina.
Nunca ha acabado de convencerme esta fiesta. La disfrazamos de una alegría que la mayoría del tiempo no sentimos, la convertimos en el momento solidario en el que olvidar que el hambre y la desolación viven con nosotros todos los días del año y nos erigimos en buenos amigos, en estupendos vecinos de gente a la que quizás no hayamos vuelto a saludar desde el último “feliz año” que tuvimos que afrontar en el portal.
Afortunadamente, como conté en la anterior Navidad, tengo una familia maravillosa a la que le encanta esta fiesta y sabemos buscarle las vueltas para convertirlo todo en una maravillosa ocasión de seguir estando juntos. Dicen que el roce hace el cariño y para mí que más que rozados estamos magullados, sobre todo los enanos, de tanto achucho.
Pero realmente, bien pensado, la Navidad lleva implícita en sí misma la tristeza porque es el tiempo del año que dedicamos a recordar y a añorar lo que nos falta. Siempre he pensado que estas fechas exigen de nosotros mismos una perfección difícil de mantener a cara descubierta. Hay que ser buenos y generosos para los miles de donativos que te piden a diario, educados para estar de buen humor siempre que un feliz navidad llegue en un momento inoportuno, buena gente para no mandar allí mismo al compañero que te hace la vida imposible el resto del año o al familiar medio lejano que se hace el tonto para no saludar si es Semana Santa, pero que se acerca a ti con los brazos abiertos si te lo encuentras el 31. Pobre de ti estas fechas si perdiste a alguien, porque la música de organillo no te dejará mantener la apostura, pobre de ti si no tienes dinero, porque los brillos de las luces y los anuncios de la tele se encargarán de volverte loco.
Quizás, si hacemos un análisis serio, poco propio de la sensibilidad y del “merengueo” al que nos conduce la fiesta, es verdad que España económicamente necesita este consumo y que aunque parezca frívolo, somos los que todavía podemos permitírnoslo los encargados de salir a la calle con el dinerito fresco para que el comercio remonte. Esto es así de duro pero así de cierto. Lo que ocurre es que sé que este año hay mucha gente que lo va a tener muy difícil. La cifra de paro está por las nubes y no puedo dejar de pensar en lo que debe ser enfrentarse, en una fecha así, a la mirada de un hijo.
Espero que para todos esta Navidad signifique esperanza. Que de verdad el nuevo año traiga en particular, un futuro mejor para esta España que ha sido siempre un país solidario y en general, una nueva ilusión para el mundo que falta nos hace a todos. Espero que las fiestas nos dejen para siempre un poquito de música de campanas en un lugar del corazón y que la paz nos ilumine, por siempre, con la idílica luz de las estrellas.
Feliz Navidad.

martes, 7 de diciembre de 2010

DEMAGOGIA

Cuando me siento a hablar de política, siempre lo hago con miedo. Y no es miedo a decir lo que pienso ni a dejar entrever de fondo el tono de las enaguas de mi compromiso político. Hace tiempo que eso dejó de preocuparme porque en esas cuestiones, hasta este momento no me debo más que a mi conciencia. Pero sí tengo la sensación de que es fácil caer en la demagogia y no me gustaría dar la impresión de esas pobres víctimas televisivas, a las que oímos decir hasta la saciedad que lo que hay es que quitar el hambre del mundo, acercándose mucho al micrófono y poniendo su mejor perfil para envidia del compañero de equipo o de la vecina del quinto.
Hasta ahora, bien lo sabéis, siempre me he movido por el borde de la piscina, siempre he sopesado si merece la pena entrar a trapo de una información, viciada por el manoseo de aquellos que se dedican a masticarle al pueblo la cecina que nuestros políticos nos sirven de desayuno. Muchas veces he sospechado que detrás de las barbaridades que nos dicen que han decretado unos o que han propuesto otros, tiene que haber una razón mucho más profunda, algo que no nos cuentan porque nos protegen de la verdad como a los niños, y que encierra el motivo fundamental de que las cosas sean como son.
Pero hay días en que necesito quitarme la coraza de la prudencia y sentarme a dar mi opinión, aun a riesgo de la sonrisa del entendido o el frotamiento de manos del derrotista. Supongo que es mi forma educada de soltar un taco o pegar un porrazo en la mesa mientras intento contestarme a unas preguntas:
¿De verdad creéis que es justo que un gobierno socialista pretenda arreglar la economía, quitandole la mini-paga a los que se han quedado sin ahorros a los que recurrir ni puertas donde llamar? ¿De verdad creéis que es lógico que a la vez haya un colectivo en los aeropuertos que gana 60 millones de las antiguas pesetas de media? De media, señores, porque hay algunos que ganan 100 milloncejos en doce meses. No puedo creerme, y lo siento con toda mi alma, que esa sea la solución que se le ha ocurrido a tanta mente pensante y a la vez también “cobrante”. ¿De verdad nuestros políticos siguen pensando en ese absurdo cliché de que la gente lo que quiere es la paguita y no trabajar? A ver si va a resultar que los absurdos y los demagogos son ellos. A ver si todo va a ser que llevan tanto tiempo pisando en alfombras mullidas que se han olvidado de cómo pincha la grava cuando el zapato está roto.
Dentro de unos días, ya lo recordaremos en nuestra tertulia, nunca más se hablará del incidente de este fin de semana. Nadie pagará los billetes cancelados, nadie se hará cargo de los sueños rotos, de las expectativas turísticas destrozadas ni del cansancio acumulado. De lo que sí hablaremos, eso está claro, es de la desesperación cada vez más acusada del que no tenía nada pero aun puede ser más perdedor si cabe.
Parece ser que el dios mercado no perdona, señor Zapatero. Y usted, como todos, se está empleando a fondo para construir su templo. Sé que la política y la economía no pueden ser tratadas con la trivialidad de un café. Pero tenga cuidado con los sacrificios que este dios está pidiendo de Ud. Puede ser que un día esa nueva religión que ahora profesa le deje huérfano de votos y a nosotros, los eternos hijos pródigos, vacíos de política barata.

jueves, 2 de diciembre de 2010

LA MAR

No creo que haya nada más espectacular que una tormenta en el mar. Ayer tuve, de nuevo, la oportunidad de vivir uno de esos momentos mágicos que me proporcionan los ventanales del maravilloso lugar donde trabajo.
Tal vez si cierro los ojos podría describir el paisaje con la precisión de un pintor clásico, pero sólo acertaría a dibujar un color verde y gris llenándolo todo, un olor a humedad, a sal y a melancolía y el son cadencioso y estremecedor de su rugido.
Esos son días en los que nadie habla. Cada cual se sienta a lo suyo, con todas las luces encendidas y más taciturnos que de costumbre, observando con el rabillo del ojo aquel espectáculo de los elementos, que viene a recordarnos a su manera que no somos nadie ante la magnitud de su belleza, y que sólo la naturaleza es capaz de devolver a la tierra, todo aquello que le hemos ido arrancando en tantos años de pulso y de apuesta.
Algunas veces, allí sentada, dentro del mar pero varada en tierra, es fácil que la imaginación se desborde y el frío me reinvente el cuerpo, al pensar lo que debe ser encontrarse un día como ese en medio de la nada líquida, sin más horizonte que el agua y más esperanza que la fe. Y me conmueve pensar en tantos y tantos valientes que arriesgan a diario su vida para ganarse el pan con una actividad tan dura, tan terriblemente cruel y a la vez tan enormemente bella, en tantas y tantas personas que dejaron su vida en ella en nombre de una guerra ajena, de una nómina injusta o de un sueño de conquista.
El mar, la mar como la llaman los que la aman… No puede existir nada más bello. No hay otro color más puro que la blancura de esa espuma revuelta que nos cuenta sus secretos y saca a la superficie las tragedias. No hay otro olor tan penetrante ni otro dolor tan punzante, como el de la arena arrojada por el viento que se cuela indolente por mi pelo. No conozco otra sensación que me deje tan pequeña ni me haga sentir tan impotente.

“Quiero acercarme mar y vivir en tu mezcla,
en esa sal y ese agua que son míos.

Quiero encontrarte mar, como siempre,
alojado en la ventana de mi sueño,
instalado en la sonrisa de mis hijos".

domingo, 28 de noviembre de 2010

ETIMOLOGÍA

Siempre he tenido muy claro que soy una persona de letras. Esto lo digo con el conocimiento de causa que me han transmitido años de escuela a diversos niveles, donde los números siempre fueron para mí un enigma. Todavía recuerdo con una sonrisa el día que le confesé, muchos años después de dejar de ser alumna suya, a mi profesora de Física el extraño proceso que se producía en mi cuerpo cuando la veía entrar por la puerta del aula. Mira, M. Carmen, le dije: era entrar tú y me empezaba a picar todo el cuerpo, vamos lo que en mi tierra llamamos un “sarpullío” que no tenía nada que envidiarle al del sarampión y que digo yo que era quizás lo que hacía que se me nublara la zona contable del cerebro y que no diera pie con bola. Velocidad es igual a espacio partido por tiempo. Qué fácil ¿verdad? Pues cuando llegaba el momento de aplicarlo a mi me sobraba la velocidad o me faltaba el tiempo. Yo no sé cómo, siempre tenía la sensación de que a aquel problema le habían robado un dato indispensable para averiguar un galimatías que nunca, creía yo a pie juntillas, me serviría para nada.
En cambio hay ciencias que siempre me han encantado, aunque mirándolas en la distancia son sobre todo aquellas que sirven para investigar en el campo en el que yo me siento a gusto. Hay concretamente una disciplina científica con la que disfruto enormemente y a la que me gusta acudir a menudo con la curiosidad de los niños. Se llama etimología y se encarga de estudiar el verdadero significado de las palabras.
No vayáis a creer que por el hecho de no andar haciendo cuentas es menos compleja esta ciencia. Investigar el origen de una palabra debe ser muy complicado porque casi nunca hay una certeza total de cómo y por qué comenzó a nombrarse algo de esta o aquella manera y muchas veces son varias las personas, regiones del mundo u organizaciones, las que luchan por tener el privilegio de haber sido los primeros en nombrar un nuevo elemento o en inventar una expresión duradera a través de los siglos.
Pero no me digáis que no es curioso cuando un día descubres que esa muletilla que usas casi a diario, sabiendo lo que quieres decir con ella pero no por qué se dice, tiene un origen antiguo, extraordinario o simplemente simpático.
¿Quién puede decirme, por ejemplo, de donde viene la palabra subasta? ¿Por qué se le llama al Papa el Sumo Pontífice? Y esas siglas tan americanas del O.K. ¿de dónde procede?
Estudiando las palabras nos estudiamos a nosotros mismos porque el lenguaje no es más que la herencia que nos han dejado todos los que estuvieron antes aquí. Observando las expresiones y los localismos podemos llegar a entender como nos sentimos influidos por lo que fue y por lo que ahora es, por los romanos que anduvieron de conquista por España, los árabes del medievo, o los americanos “del Internet”.
Si hay un lugar que ha sido influenciado por las lenguas del mundo, ese es Cádiz. Con la abundancia y la riqueza del comercio del XVIII, este trocito de tierra se convirtió en eso que los entendidos (entendidos pero cursis diría yo) llaman un “crisol de culturas”. El gaditano cogió lo que pudo del irlandés, del francés o del portugués y se construyó un idioma propio mientras intercambiaba quincalla, pieles curtidas y paños de lana. Y así estamos, que luego viene alguien al carnaval y para que entienda la letra de la chirigota hay que descifrársela como un código, y eso sí que es un código que no el de Da Vinci.
Aquí cuando alguien no nos sigue en el argumento de lo que le estamos contando es que no “asunta”, el tonto del bote es un “torrija”, el guisante se convierte en “chícharo” y caerse es darse literalmente un “pellejazo”. No sé cuanto de extranjero habrá en todo esto ni de donde viene cada una de estas expresiones. ¿Ves? Ya tengo entretenimiento para otra tarde.
Qué ¿a que todavía le estáis dando vueltas a lo del Sumo Pontífice?... si alguien lo sabe que lo diga y si no, ya os lo cuento en un comentario que mañana me incorporo al trabajo y es hora de “guannajarse” como decimos los gaditanos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

CUMPLEAÑOS FELIZ


Sabéis que siempre me gusta dejar cuatro o cinco días la última entrada del blog porque así doy tiempo a que todos os vayáis incorporando a la tertulia sin prisa pero sin pausa y surjan los comentarios que al fin y al cabo son la pimienta y la sal de este invento.
Pero hoy, la casualidad ha querido que trasteando por el blog me de cuenta de que ya desde el día 19 de noviembre hace un año que comenzamos esta aventura.
Fíjate, hemos cumplido un año sin pena ni gloria, sin invocar a las musas, apagar las velas ni realizar ningún rito. Hemos pasado la fecha sin felicitarnos a nosotros mismos ni hacernos el regalo de la sonrisa. Tiene delito llevar un año tomando café y en un día como éste no sacar la tarta de la nevera ni partir entre todos la piñata.
Por eso he decidido no dejar correr ni un día más para hacer una mirada retrospectiva, sumar el balance de lo bueno y recopilar en una entrada lo que ha significado para mí vuestra presencia.
He estado echándole un vistazo a la tertulia y preparando, para los que son de ciencias, las consabidas estadísticas. La verdad es que no deja de sorprenderme que algo que empezó como una broma, con aquello que yo llamé “una invitación al sentimiento”, haya ido colándose en mi vida de esta manera y ocupando un sitio en mi ocio y en mi necesidad de salir al mundo sentada junto al ordenador.
Según el chivato que me canta los números, desde que instalé el programita analizador de datos, hemos recibido 5.016 visitas que a un total de 2, 58 páginas por vez, dan (esto parece el un dos tres) la escalofriante cantidad de 12.934 páginas. La verdad es que la cifra da vértigo.
Pero evidentemente no son los números los que producen el mareo, más bien he perdido la sensación de hacer pie, cuando he ido pasando por todo lo archivado y he vuelto a releer los comentarios de tanta gente que ha dejado su huella en cada cosa que he escrito. Hay contertulios que siguen estando, otros que acaban de aparecer y muchos amigos que entran y salen a ratos, dependiendo de sus circunstancias, del tiempo del que disponen o de la necesidad de expresión a la que les lleve el momento. A ellos tengo que sumar muchos otros, amigos de siempre, colegas del Facebook o anónimos que se han añadido a nuestra conversación, unos de forma callada y prudente y otros, que no querían manifestarse en público, pero que se han acercado a mi correo a dejarme la constancia de un cariño que no podré pagar nunca.
Entradas han sido muchas, no voy a aburriros con otro conteo. Con ellas nos hemos reído contando chistes, recordando anécdotas de boda, incluso casi tengo que escribir de nuevo aquella historia del polvorón con la que gané un concurso literario. Pero también ha surgido el sentimiento y me ha dicho un pajarito que hay alguno al que se le ha visto llorar. La Navidad, con el trocito de villancico cantado por los niños de mi familia, el retrato de aquellos lugares a los que nos gustaría volver…han sido muchas historias que ahora son muchos recuerdos.
Bueno, no quiero ponerme nostálgica. De momento, mientras el contador de visitas me siga diciendo que hay gente que viene a sentarse al sofá, no tengo inconveniente en poner el mantel del café que me piden unos, del cola cao que les gusta a otros o del mate que es la bebida que toman los nuevos amigos a los que este año he hecho un sitio en mi vida.
Gracias a todos y en especial a los que se dejan caer con los comentarios. Siempre que describo el blog lo hago diciendo que es un lugar donde el texto que da pie, pierde completamente el protagonismo cediéndoselo a los comentarios de los miembros de este grupo de locos de atar que dedican su tiempo a seguirme el rollo. Todos tenemos que querer seguir estando aquí. Sin vosotros el blog y yo no somos nada. Para monólogos hay no sé qué club que interpreta no sé qué comedia, lo nuestro es la conversación y para eso os convoco. Que no se escape nadie que pongo falta.
Felicidades.

martes, 23 de noviembre de 2010

SAHARA OCCIDENTAL

Supongo que esa frase que dice que el pasado siempre vuelve debe ser cierta, y lo estamos comprobando estos días con un conflicto que ha venido a traernos el calor del desierto cuando ya creíamos haber superado la frontera del olvido.
Reconozco que el tema del Sahara hace mucho tiempo que dejó para mí de ser una cuestión política, quizás por el hastío que nos produce, cuando el problema no nos afecta de cerca, el eterno enfrentamiento entre pueblos que la mayoría de las veces no entendemos o no nos interesa entender. Y más bien se había convertido en algo sentimental, en uno de esos problemas que te afectan al tejido solidario del que tenemos o deberíamos tener confeccionado el corazón. Son tantos los horrores expuestos a lo largo de los telediarios, que llega un momento en que lo único que guardamos en el cajón de la memoria es el hambre y la desesperación que nos sirven en imágenes tétricas desde el lugar del mundo que toque. Para no complicarnos la vida, metemos en el mismo saco al Sahara, a Mozambique o a Sudán. Todo parece igual visto desde los ojos occidentales del bienestar, todas las historias nos suenan a guerra, a miseria y a desesperanza.
Pero el conflicto del Sahara es mucho más o al menos debería serlo. Cuando las cosas se dejan a medias y los problemas sin solucionar, el abandono algún día te pasa factura y es curioso como al final, el recibo lo pagan siempre los mismos.
Ahora no es tiempo de volver atrás nos dicen algunos. Estamos en un momento delicado. España tiene intereses económicos con Marruecos que no nos permiten alzar la voz. Aunque es verdad, como apuntan otros, que también Marruecos tiene intereses con nosotros y en cambio, eso no le influye para hacer de su capa un sayo. El final de este cuento termina con la misma moraleja de siempre: un gobierno atónito que no se atreve a mover ficha con aquello del “Virgencita déjame como estoy” y una oposición cobarde que tampoco dio nunca un paso, pero que ve en esto como en todo, otro tronco seco que añadir al fuego de sus intereses.
Claro que luego estamos nosotros, los que hablamos. Todos nos sentimos identificados y solidarios con el problema, eso es verdad, y mucha gente alza la voz contra el denostado “gobierno que nos gobierna”, pero ¡ay! pobre de ZP si hubiera decidido en un momento como éste plantar cara a Marruecos y meterse en otro jardín. Qué bonito queda hablar de solidaridad con los guantes de lana y la bufanda puesta.
Al final, como siempre, perderán los que ya lo tenían todo perdido. A eso es a lo que estamos acostumbrados. Lástima que esta vez sea todavía más doloroso saber que en el Sahara hay una parte de nosotros que sigue viviendo en sus genes, que hubo una vez que compartimos bandera y que los lamentos y las oraciones, se dicen en nuestro idioma.

viernes, 19 de noviembre de 2010

AMELIA GARAYOA

Ayer por fin se reunió el club de lectura. Como sabéis la propuesta para este primer encuentro era “Dime quien soy” de Julia Navarro.
Quedamos en la cafetería de siempre, donde mis amigas y yo compartimos tarde de risas y puesta al día. Pero esta vez quise imprimirle el carácter serio que una tertulia literaria se merece, y aparecí en la reunión con mi cuaderno de anotaciones y la tarea hecha con las propuestas para la próxima lectura. Sé que provoqué si no el asombro sí por lo menos la sonrisa de mis contertulias que no esperaban, supongo, a la moderadora de un programa de debates.
Al principio, tengo que confesarlo, pensé que todo acabaría en una anécdota y en una intención, pero como no podía ser menos de la gente con la que comparto el afecto, me llevé la agradable sorpresa de que les encantara la idea de valorar y comentar seriamente el libro que habíamos propuesto y de que todas trajeran ideas sobre el próximo reto.
A partir de ahí, la charla se convirtió en un viaje sin lectura de acta anterior ni rigidez de club de entendidos. Vivimos un ir y venir del libro a la vida real tan enriquecedor y sobre todo tan entretenido que las horas se nos hicieron minutos alrededor del café.
El personaje fuerte de la novela y la autora que describe el sentimiento son, para dar aún más juego, mujeres. Y aunque Amelia Garayoa no tiene nada que ver con ninguna de las que examinábamos su vida, siempre hay un punto de conexión entre las que formamos parte del ”sexo débil”, en la forma de entender el mundo, en el punto romántico de nuestras acciones y en el desencuentro emocional que por cultura, por genética o por costumbre, muchas veces se produce con la otra mitad de la naranja con la que dibujamos la vida.
La conversación fue saltando de la política al amor, del sentimiento al remordimiento y sobre todo al sacrificio, al eterno sacrificio que las mujeres han arrastrado con ellas a lo largo de la historia.
Las conclusiones fueron bastante unánimes. El libro merece la pena ser leído porque refleja maravillosamente una época convulsa, donde todo perdió completamente el sentido. En España, Italia y Alemania se asentaban en esos años (la novela arranca en 1935) regímenes totalitarios que acabaron con las libertades y con las vidas en nombre de la derecha más extrema. Y a la vez en la Rusia de Stalin, abanderado del comunismo, se llevaban a cabo purgas contra todo aquel que se consideraba disidente.
La Europa democrática, la que siempre sale a la palestra dándonos lecciones de libertad, miró hacia otro lado y permitió que acampara a sus anchas la locura, protagonizando, en el caso de Francia, acciones vergonzosas como el confinamiento de los exiliados españoles en campos de concentración, disfrazados de buenas intenciones.
Y en medio de todo, el pobre personaje de Amelia: una mujer luchando contra los dictadores, contra la moral basada en el machismo exacerbado y contra ella misma, quizás por permitir al corazón sentimientos que estaban profundamente condenados y penados, en el juicio sumarísimo que su cerebro de mujer española y burguesa de la época, se había hecho a sí misma.
Me gustaría dejar el análisis aquí y que a partir de estas palabras seáis vosotros los protagonistas de este club que hemos formado. Da igual si habéis leído el libro o no, creo que el mapa está dibujado y cada cual tiene un punto de vista de la historia pasada. Os espero en los comentarios y dejo, en la sección “El club de lectura” la propuesta para el próximo libro que comentaremos en diciembre.
Como siempre, es maravilloso vivir a través de los ojos de un libro…

lunes, 15 de noviembre de 2010

LA SUERTE

Hay una señora por ahí que anda revolucionando algunos conceptos que creíamos tener adquiridos y archivados en ese altillo del cerebro en el que guardamos la cacharrería. Estos días, por ejemplo, ha estado hablando de la suerte. Dice como experta en sociología que ese término no existe, que en definitiva somos nosotros mismos los únicos autores de la obra final de nuestra vida, sea cual sea el resultado de ésta.
Yo no me atrevería a discutir a una experta, algo de lo que ella debe saber infinitamente más que yo por la propia formación que avalan sus estudios profesionales. Por eso, en la parte teórica, tengo que asumir su discurso ya que sería muy prepotente por mi parte, pretender ganar la partida de un juego del que nunca me estudié las reglas. Pero de la parte práctica…ay amiga, si yo te contara de la parte práctica….
Mira, para empezar siempre he creído que la vida está llena de casualidades. Un movimiento, un mero gesto que hagas sin pensar, puede ser el desencadenante del inicio del resto de tu vida. Estar a la vez en el momento y en el lugar oportuno ha sido siempre, ya me puede decir lo que quiera la esperta de El Hormiguero, el factor principal para conseguir un logro o para tener que enfrentarse a la más dura de las tragedias.
Ella, siguiendo la máxima de Apio Claudio, jura y perjura que “el hombre es el arquitecto de su propio destino”, que viene a ser algo así como que cada cual encuentra lo que se busca. Pero no me negareis que hay veces que el arquitecto en cuestión, al hacer su proyecto, no puede o no quiere entender que éste seguramente conllevará el hundimiento o la consagración de la obra del vecino. Por mucho que dibujes bien los planos, el día que te subes con dos copas al coche, tú serás el que firma el dibujo, pero el que se lleva el premio gordo es el ciclista que había salido a disfrutar del buen tiempo o la señora que cruzaba reglamentariamente la calle.
A mí nadie puede quitarme la idea de que la suerte tiene un sitio muy importante en nuestras vidas. La suerte es la casualidad, la interacción entre tantos millones de seres humanos que hace que las cosas sean de una manera aunque podían haber sido de miles de otras. No pretendo justificar a través de la palabra ni la vagancia, ni el dejarse llevar o la actitud de estar esperando a que la buena fortuna te ponga en bandeja la oportunidad. Está claro que la lotería no toca si no compras el billete. Pero sería injusto ignorar que hay vidas en las que la casualidad y el desencuentro, no le permiten al sujeto avanzar un poquito al lugar donde le llevan sus sueños.
Lo único que me gusta de su teoría es que todo se basa en la esperanza. Según la experta hay que estar siempre con un espíritu abierto y expectante ante la vida. Mi hermana, que se ha convertido en una seguidora con reservas de las ideas que predica, dice que lleva dos semanas viviendo mejor las mañanas, utilizando el método del positivismo y realizando un ejercicio de autoconvencimiento mientras recita, de camino al trabajo: cuando llegue voy a encontrar aparcamiento.
Bueno, juzguen ustedes ¿Os consideráis personas tocadas por la suerte? ¿Es verdad que ésta no existe?
Yo para concluir tengo que decir que sigo creyendo en ella. ¿Sigues aquí? ¿Estás vivo? Pues eres un tío afortunado.
¡Buena suerte a todos!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

TENGO UNA PREGUNTA

Con el sonido del tintineo de las elecciones, a una mente pensante de estas especializadas en audiencias televisivas y publicidad, se le ocurrió idear un formato de programa novedoso donde gente corriente se atreve, o al menos eso nos hacen creer, a lanzar así a bocajarro una pregunta peliaguda al personaje aspirante a hacer de guía turístico de nuestros destinos, los próximos cuatro años.
Estos días, con esto de las elecciones catalanas he vuelto a ver el anuncio de una nueva edición y la verdad es que, bien pensado y salvando la vergüenza que para mí supondría salir en la pequeña pantalla aunque sea por un motivo loable, más de una vez me habría gustado echarme a la cara a algún que otro de estos seres inalcanzables para que me explicara a mí, directamente y sin intermediarios, qué quiso decir cuando dijo digo y por qué al final acabó diciendo Diego.
A mí por ejemplo estos días que ha estado por aquí, y para huir del tópico de la política, me hubiera gustado hacerle una pequeña interviú por ejemplo al Papa. Parece que se ha ido el hombre un poco disgustado de España porque ya no somos aquella reserva espiritual de occidente con la que la Santa Sede contaba. Y a mí que me siento más terrenal que espiritual y más cerca de lo humano que de lo divino, me hubiera gustado saber de primera mano qué es lo que esperaba de una sociedad que avanza, si cree de verdad que puede haber perdón religioso para Massera igual que lo hubo para Pinochet o por qué no, oye, a ver si me saca de dudas y me dice, más o menos, cuánto puede costar el coche-pecera que lo lleva a todas partes, con el que yo iba a brillar de miedo en la cabalgata de las fiestas de mi pueblo.
Creo que me quedaría muy satisfecha y me iría a casa con la sensación de tener una verdadera opinión formada sobre el personaje. La verdad es que entre la Homilía que va siempre en latín y los discursos con un alto nivel teológico, al final, acabo quedándome con la opinión de un traductor de pensamiento y lógicamente no tiene nada que ver el resultado si el diccionario ha sido editado por Iñaki Gabilondo o por Paloma Gómez Borrero.
Como el Papa hay montones de personajes a los que preguntarle o a los que reprocharles tantas cosas que no creáis que no tiene su puntito el programa. Ejercer de entrevistador y dar con la cuestión que retrate verdaderamente la personalidad de alguien, debe ser una de las asignaturas más difíciles de aprobar en el pundonor profesional de un periodista. Y eso me encanta.
Claro que luego está la otra parte. Me cuesta imaginarme a mí misma, convertida en un personaje público, expuesta en el púlpito a la espeluznante sensación de la verdad desnuda. Si eres verdaderamente honesto, el cara a cara con la gente debe dar mucho vértigo.
Se me ha ocurrido una maldad. Si yo os propusiera aquello de: “Tengo una pregunta para Ud.” ¿Qué y a quien preguntaríais algo? O mejor todavía, ¿qué os preguntaríais a vosotros mismos? Venga, vamos a darle una vuelta al coco y ser originales. Confío en mi peña.

viernes, 5 de noviembre de 2010

AFONÍA

En toda película americana que se precie, nunca puede faltar ni un número de teléfono que empiece por 555 ni un momento álgido en el que uno de los protagonistas se confiese alcohólico anónimo, borracho conocido o adicto a cualquier paranoia que se le ocurra al guionista de turno.
Pues bien, hoy quiero también aprovechar este momento íntimo para contaros que yo tengo una adicción. Si, queridos hermanos, lo digo aquí en presencia de mi tertulia de amigos y compañeros de viaje, esperando por supuesto que todos os levantéis al unísono del sillón para decir de forma sincera aquello de: te queremos, amiga, te queremos.
Y es que yo soy adicta a charlar. Tengo ese vicio, qué vamos a hacerle. Hablo con las madres del cole, con los profes de mis niños, con el que vende el pescado, no te digo con la cajera del super, mis hermanas, mis cuñadas, primos y otros miembros diversos de mi núcleo familiar. A mi madre ni la nombro, a ella le debo estar nominada a un premio en la compañía telefónica de la que soy cliente…Bueno qué voy a deciros, vamos que a no hay nada que más me chifle que una buena conversación.
Sé que estaréis pensando ¿y a qué viene a contarnos esto? ¿es que acaso se cree que no la conocemos?
Sí, claro que me conocéis, pero tengo que hacer esta introducción para que os deis cuenta de cómo me siento, cuando añada a mi confesión que llevo tres días afónica.
¿Afónica? Pensareis de nuevo, bueno tampoco será para tanto.
Pues sí es para eso y para mucho más. Afónica, pero completa, sin voz. Vamos que para decirle a mi hijo que acabe ya de hacer la tarea del colegio con la misma intensidad con la que se lo grito siempre, he tenido que recurrir al gesto de “o te corto el cuello” y así que el chaval entienda lo que por la sangre me bulle. Esto sí que es un suplicio y no la parrilla en la que asaron a Lorenzo. Esto sí que es una penitencia y no la del Jueves Santo.
Me he quedado sin voz, sin voto y sin esperanza. Aquí estoy, sin poder coger el teléfono, sin poder contarle a nadie el último cotilleo jugoso que le oí a mi vecina, sin pelearme con mi santo esposo y a punto del infartito como no se me cure pronto.
De momento el fin de semana se presenta un poquito chungo. Estoy tomando antibióticos, líquidos, miel con limón y sobre todo silencio, mucho silencio. Vamos, en una frase estoy tomando por saco porque vaya semanita lacia la que llevo y lo que me queda. Y es que aunque yo, optimista, hago gestos de que estoy mucho mejor cuando alguien me pregunta, no me atrevo ni a darle las gracias al preguntante para no oírme a mí misma gritar desde el pensamiento una palabra que muere en mi laringitis, convertida en un leve quejío.
Pues nada compis, lo dicho, ya teneis mi confesión. Estoy en abstinencia del vicio y el mono me va a matar. Se me entiende menos que al Pato Donald y me encuentro  "mu perjudicá”.

lunes, 1 de noviembre de 2010

EL CENSO EN CHINA

Hoy he leído una noticia que me tiene todo el día reflexionando. Parece ser que en breve se va a realizar el censo de China. Y claro, diréis, bueno y ¿qué tiene esto de especial? En España estamos acostumbrados a que el INE nos mande cuando toca a unos chavalitos jóvenes que vienen a casa y rellenan un formulario sentados en nuestro sofá.
Pero lo gordo viene cuando a continuación del titular, el periódico especifica que para llevar a cabo el censo, en China se necesitan seis millones de funcionarios con la tarea de llamar puerta a puerta.
Una que anda con el tema del tablón de empleo, enseguida me puse a darle vueltas al coco y estuve a un “tris” de llamar directamente a Zapatero. Fíjate, pensaba yo, si este hombre tuviera mano en China, podría ofrecer a los desempleados de España para llevar a cabo la ingente labor. Si no me fallan las cuentas, conseguiríamos el pleno empleo y todavía nos sobrarían dos millones de puestos por si alguno de los que no llega a fin de mes o que se siente una “mijilla” agobiado por la fiesta que se nos viene encima, osara apuntarse al pluriempleo, así como el que no quiere la cosa.
Hombre fácil, fácil, no debe de ser el trabajito. En primer lugar por la letra, no nos engañemos. Y es que si aquí en nuestra tierra tenemos que armar este guirigay para decir en chino que no tenemos paella, imaginaos lo que tiene que ser saber dónde queda la Calle del Loto allí directamente en la tierra del idioma extraño.
Hay un aspecto además que a mí me preocupa. No sé si sabéis que debido a la superpoblación, en dicho país se multa, y con una cantidad considerable, a todo aquel que cometa el error-locura-momento de pasión descontrolada de tener un segundo hijo. Sólo las familias que pueden permitirse pagar la multa se atreven a darle al niño un hermanito, para que pueda dedicarse a fastidiarlo, lo digo porque soy madre, durante al menos los siguientes 20 años de su vida. Así que este censo les servirá también a las autoridades chinas para que les saquemos del armario, por no decir del trastero, al hijo que no han declarado para no tener que pagar. Eso sí, han dicho que a los más pobres les dejarán abonar la multa en cómodas cuotas, y aquí sí me pongo seria porque no concibo nada más triste ni más inhumano que comerciar aunque sea a plazos con la miseria de la gente.
Pero bueno, siguiendo con la broma para no acabar medio loca con las cosas que se oyen, dicen que la tarea duraría solamente diez días, al fin y al cabo unas vacaciones que tampoco vienen mal.
Yo de momento, mientras que llamo a José Luis, os lo voy diciendo para que preparéis a la familia. Eso es un ir y venir y arreglamos las Navidades. Como mucho qué puede pasar: que el censo salga regular, que una parte de los seis millones sea secuestrada por algún movimiento libertador de extraña causa, que nadie acabe sabiendo realmente donde vive la familia Chang o que terminemos en una playa cualquiera, buscando una camiseta a rayas y preguntándonos en un delirio: ¿Dónde c… está aquí Wally?

domingo, 31 de octubre de 2010

EL CAMBIO DE MANTEL

Espero que os guste el nuevo mantel. Mi parte intelectual-tecnológica-hacheteemeele dirá que es un cambio en el dominio web para lograr mejor posicionamiento en el meta buscador, pero mi parte maruja os confirma que es que había que meter en la lavadora el mantelito de cuadros que con los pasteles del domingo...no veas como me lo dejaron.

miércoles, 27 de octubre de 2010

QUEMAR LA CULTURA

Esta semana el amigo Reverte ha vuelto a manifestarse. Debe ser que “Jalouin” ha hecho mella en él, y ha regresado como un zombi de esa tregua que había pactado con el sensacionalismo, mientras estaba ocupado en vender su última novela.
Como otras veces ha venido a hacer gala de una prepotencia a la que ya nos tiene acostumbrados. Parece ser que al hombre no le vale solamente con estar bien considerado en el mundo de la literatura, sino que tiene que aparecer de vez en cuando para ver si dejándose oír, aumenta la tirada de ventas de lo último que tenga en quiosco.
Si lo pienso, incluso tengo un sentimiento cruzado al estar escribiendo esto, porque me da rabia entrar al trapo de su provocación y generar afluentes de tinta para dar vueltas a un argumento que no tiene sentido.
En España disfrutamos, afortunadamente, de libertad de expresión. Todas las opiniones tienen cabida en esta pluralidad de pensamiento en que el país se ha convertido. Pero creo que no todas las formas son válidas.
A mí me parece estupendo que cada cual critique aquello que no le gusta y en el caso al que hago referencia con este escrito, Moratinos es un político y como tal, en la firma del contrato, junto con la cifra millonaria que supongo ganará, habrá alguna cláusula que diga: tienes que aguantar lo que te echen y lo que hablen de ti. Sabiendo que la susodicha cifra es alta, también este señor comprenderá que en el juego de la democracia va a ser juzgado por lo que haga o lo que haya dejado de hacer.
Hasta ahí estoy completamente de acuerdo. No tengo conocimientos suficientes de política exterior para valorar su gestión, pero por lo que he leído ha sido muy mala, con lo cual, creo que se merece la lluvia que le moja.
Pero de ahí a que alguien diga utilizando una tribuna pública que el ex ministro es un “mierda y que gimotea porque no tiene huevos”…me parece una ordinariez de un mal gusto que no le queda bien a alguien que se tiene a sí mismo por representante de la cultura y maestro en el arte de la palabra escrita.
Tengo que pensar que al Sr. Reverte han debido de cambiarle mucho los valores para que tenga que recurrir a algo tan burdo por continuar en la palestra. Nunca lo hubiera imaginado en aquellos días en que le conocí aquí en Cádiz. Entonces daba gusto oírle hablar de la cultura, causaba respeto conocer sus vivencias como corresponsal de guerra y ponía los pelos de punta oírle la historia de aquella biblioteca que vio quemarse en Sarajevo.
Con aquel fuego, el escritor nos planteó una metáfora tan bonita para explicar la profundidad de lo que ocurrió en Bosnia, que reconozco que aquel día tampoco yo dispuse de huevos y tuve que usar las gafas de sol para disfrazar la emoción y el silencio para obviar el gimoteo. Me parece que ahora, al cabo de los años, de alguna manera él también está arrojando una cerilla a aquella hoguera que amenaza con destruir la cultura. Le creía menos soez y con más recurso literario.
En fin, qué le vamos a hacer…los ídolos que todos tienen los pies de barro.

domingo, 24 de octubre de 2010


Hoy es domingo así que invito a pasteles. No os quejareis ¿no?


viernes, 22 de octubre de 2010

SALIR EN LA TELE

Ayer salí en la tele.
No es que haya realizado, quedaos tranquilos, ninguna hazaña ni es que haya inventado yo un artilugio revolucionario que vaya a ser considerado el avance más significativo del siglo. Simplemente, estos días he estado asistiendo a unas Jornadas (habréis notado mi ausencia en la red) y el hecho de estar sentada cerca de los conferenciantes o en un ángulo fácil para la cámara, hizo que mi madre me llamara ayer, muy sorprendida, porque me había visto muy clarito muy clarito, en las noticias de Canal Sur.
Yo que soy gran aficionada a la fotografía, claro, cuando la foto se la hago a otro y que huyo de las cámaras como de una enfermedad contagiosa, no me sentí muy confortada. Ya me había dado cuenta durante la conferencia que el lugar que había elegido al azar no iba muy bien con mi pudor cuando vino el periodista y colocó un trípode magnífico justo en frente de donde estaba situada. A partir de entonces, reconozco que me dio la mañana. Ya no sabía como sentarme. ¿A que salgo haciendo una mueca? ¿Tendré la camisa arrugada? Pues…bien “peiná” la verdad es que no vengo…Qué sofocón.
Y es que no sé por qué soy tan escrupulosa y tan tiquismiquis. En primer lugar, ya empiezo diciendo que había salido en la tele sin realizar ningún prodigio, ilusa de mí, como si eso fuera requisito indispensable para formar parte del show. Supongo que puestos a comparar, debería ser más meritorio haber participado en un evento cultural que el hecho de haber sido pillada una noche loca, acompañando en la borrachera al amigo Paquirrín. Y en segundo lugar y para ser honesta, tengo que aclarar que el tiempo que he consumido en televisión no sé ni siquiera si tiene nombre en cuanto a la medida porque no creo que haya sido ni un nanosegundo, vamos que mi madre porque es mi madre, pero además de ella no creo que se haya dado cuenta ni “el potato”.
En fin, que puedo decir sin perpetrar una mentira que la menda lerenda forma parte ya de la farándula. Lástima que la actividad a la que me estaba dedicando en el momento de autos, no tenga añadido ni un poquito de morbo y que los compis que tenía alrededor no estén para nada censados en eso tan cursi que llaman el papel cuché, que digo yo que para una vez que sale una en la tele…ya me podía haber tocado al lado alguien interesante como “Esulín” o algún modelo de Armani y no estos aburridos que se dedican a la arqueología y se visten, para más inrri, con trajes de neopreno.

viernes, 15 de octubre de 2010

UNA BUENA IDEA

En mi casa, la de las grandes ideas siempre era mi hermana la mediana. Esto de ser la instigadora de lo que hay que hacer, normalmente implica que la persona que ostenta ese cargo suele ser la más espabilada del grupo, la que lía la grande para lograr un propósito contando con el apoyo de una tropa obligatoriamente aliada.
Que había que darle coba a mamá para algo…el argumento siempre era urdido por ella con una exactitud y una lógica aplastante, pero eso sí, la que iba a intentar colárselo a mi madre por regla general era yo, cuatro años mayor pero cuatro años más pava que la susodicha…con diferencia
Que había que llegar a casa a las diez, yo estaba a menos cuarto y ella siempre a “y media”, volviendo a utilizar uno de sus planes geniales que nos dejaba a los demás con la cara larga y el absoluto convencimiento de haber nacido tontos.
Pero esa habilidad que es innata en las personas y que demuestra la inteligencia, ha jugado siempre de su parte y mi hermana a día de hoy es una persona lista, un hacha en su trabajo y un cerebro que bulle cuando hace falta una solución.
Ella, a raíz de la última entrada, me dejó un comentario que me pareció una fantástica idea y del que me gustaría haceros partícipes para que me deis la opinión. Se le ha ocurrido que abra una nueva sección en el blog, algo así como un pequeño portal de empleo pero de los de verdad, no como algunos de los que andan por la red que se alimentan, estoy completamente convencida, de ofertas inventadas y noticias cumplimentadas por el listo de turno que gana dinero a cambio de la publicidad. Se trata de dejar un espacio para que si alguien conoce de alguna manera cercana que hay posibilidad de una contratación en su Empresa, en su negocio o que van a salir unas oposiciones este año en la Administración en la que trabaja, nos lo deje en un comentario y así, si alguno de los contertulios se encuentra en paro de manos caídas y cabeza hirviente pueda tener una oportunidad.
Pero antes de crear la sección me gustaría oír eso que en las Asambleas Generales de cualquier asociación de vecinos, “ampa” escolar u organismo que se precie se denomina “Ruegos y preguntas” para conocer vuestras ideas y vuestra opinión. Esto es una tertulia donde todo el mundo participa ¿no? Pues ahí lo lleváis.
Por otra parte, colegas (como se nota la influencia adolescente que mi hija está causando en mí), quería haceros partícipe de algo de lo que me enteré ayer. Hay una web de habla hispana en la red que se denomina Taringa. Al parecer es un fenómeno social donde la gente participa, comparte información, vende y compra…en fin…Internet. Bien, pues hace unos días llegué a través del chivato que me cuenta el número de personas que vienen a tomar café, a un lugar virtual donde uno de los administradores ha realizado una lista con los que él cree que son los “9 blogs más prometedores de Internet”. Para elaborarla ha tenido en cuenta una serie de elementos que esta persona entiende como indispensables para ser un buen blog. ¿A que no sabéis que blog ocupa el número 1, en este caso la letra A del ranking?
Podéis verlo en este enlace. ¡Ay esto de la fama que de trabajo da y que mal se lleva! Ja, ja, ja…
Post Data: veo en los comentarios de la página que hay gente a los que nuestro blog les parece aburrido. Vamos a tener que ponerle marcha discotequera (qué cosa más antigua) a ésto. Venga, animaos. ¡ rap, rap!




sábado, 9 de octubre de 2010

QUÉ PENA

Qué pena de Cádiz.
Sé que la frase leída así, sin signos de exclamación o aclaración entre paréntesis del tono que quiero imprimirle, puede tener muchas connotaciones: sarcasmo, ironía e incluso sátira mordaz, pasando por la guasa que tanto nos caracteriza a los de por aquí abajo. Pero esta vez, las palabras las digo con el sentido más literal que puedo ponerle porque verdaderamente lo que siento es pena.
Para quien no sea de estos lares tengo que decir que habitar este lugar del mundo es un verdadero privilegio y no es que sea una chauvinista ni una defensora a ultranza de lo mío por encima de lo de los demás, pero la verdad sólo tiene un camino. Vivimos en una zona con un clima de lujo; los que trabajan lo hacen en el mismo área de la bahía, en la mayoría de los casos a un tiro de gravilla del sofá de su casa; la gente es abierta, se vive en la calle y sobre todo y por encima de todo es difícil abrir una de las ventanas de casa y que por algún resquicio del horizonte no se vea o no se huela el mar.
Pero tenemos algo que juega en nuestra contra. Supongo que esto de ser los últimos vistos desde arriba o los menos reivindicativos por esta forma de ser innata que llevamos dentro, nos han apartado siempre del Olimpo de los dioses y no hemos sido nunca para nuestros gobernantes nada más que un lugar de recreo al que venir de vacaciones ahora que se ha puesto de moda.
Ellos, los de antes, los de ahora, los de siempre han dejado morir a mi tierra sin tener el menor de los remordimientos y todas esas industrias con carácter marinero y que sólo nombrar te dejan en los labios el sabor de la sal, se han ido pudriendo en el varadero de la desesperanza porque al fin y al cabo aquí la gente protesta menos o se acostumbra antes.
Recuerdo de pequeña cuando entrar a trabajar en la construcción naval (Bazán, San Carlos…) era algo que se heredaba de padres a hijos, era la recompensa que recibía el trabajador por su sacrificio, saber que al hacerse mayor alguno de sus hijos, si no todos, recibirían el legado de hacerse un hueco, cada uno según sus cualidades y su cualificación profesional, en el mundo de la factoría.
Luego, cuando no era tan pequeña, el cielo se nos abrió con el tema de las piscifactorías. Esto es el futuro, se decía la gente una a otra, pensando que en un mundo como el que vivimos, era justo dejar descansar un poco al mar y ofertar soluciones que a la vez permitieran a la gente joven quedarse aquí.
Mi marido, como muchos otros, que andaba decidiendo el camino por el que andar en la vida, descartó la Biología que hubiera sido su vocación para hacerse técnico en cultivos marinos, algo que al fin y al cabo entraba dentro de la rama que le apasionaba y que le ofrecía trabajo remunerado desde que entró en el primer curso como estudiante.
Ahora, veinte años después, la construcción naval hace mucho tiempo que murió (aunque Navantia ande todavía cogiendo oxígeno con un sufrimiento horrendo en cada bocanada) y la Acuicultura se muere definitivamente, sin que nadie pueda o quiera hacer nada por salvar su vida.
Es increíble entender todas las trabas a las que ha sido sometida esta actividad durante estos años, desde la ley de costa que parecía hecha para cortar las alas de la insignificante actividad que da de comer en mi pueblo, hasta los ecologistas, defendiendo el derecho a vivir de las garzas, cuya extinción ha sido puesta siempre por encima del bienestar de mi familia, mientras en playas como las de la costa de Málaga se construían “Guadalpines” y hotelitos a pie de playa para recreo y solaz de personajes conocidos y especuladores de mucha monta.
Y así hemos llegado a donde estamos. Miro a mi alrededor y a excepción de los funcionarios que a pesar de los recortes andan con la plegaria del virgencita déjame como estoy, el resto de mi mundo está en la misma cuerda floja. Siento miedo, pero miedo del de verdad, no retórico ni literario, miedo del que se te mete en el cuerpo y no te deja dormir por las noches. No sé qué va a pasar cuando todos esos padres de familia que conozco y que en este momento andan cobrando el desempleo en que les ha dejado estos dos años de crisis, no tengan nada más que cobrar ni nadie más a quien recurrir. Trabajo no hay y no es que esté pesimista, es que así son las cosas. Subvenciones no quedan porque la administración no puede, y eso se ve, con el gasto.
Espero que a alguien se le ocurra algo porque la cosa pinta mal. Los políticos deberían entender que hay situaciones en que la palabrería ya no basta y que la sonrisa de la foto se ha quedado helada hace tiempo en la cara de muchísima gente. Mi tierra definitivamente se muere y lo peor es que son muy pocos los que podrán salvarse del duelo.

lunes, 4 de octubre de 2010

EL CONCURSO

Hoy me han mandado un correo para informarme de la posición en la que he quedado en una competición de blogs a la que me apunté.
Eso me ha hecho recordar que este verano se acercó a mi tertulia una chica a la que considero un crack en esto de los blogs. Administra varias páginas donde toca temas tan dispares como la historia, la naturaleza, los sentimientos…
Ella me propuso, en el apartado “Hablemos de”, que debatiéramos o al menos se hablara de lo que hay detrás de estos concursos. Me decía con mucha gracia y no con menos razón que no le cuadraba que entre la cantidad enorme de páginas de este tipo que circulan por la red, siempre los más votados, la noticia más seguida es aquella que habla del número de unidades vendidas del ipod, de la ipad o del blac..no se qué, noticia que no entendemos ni ella ni yo que pueda interesarle a nadie salvo a la “supermulti empresa” que se embolsa los beneficios.
Pienso que aunque no la conozco personalmente, Lourdes tiene que ser bastante más joven que yo ya que en esa pregunta que se hace veo implícito un deje de inocencia que hace tiempo que perdí.
Creo que Internet, con todo lo bueno y todo lo malo, no es más que un reflejo crudo y fiel de lo que es la vida. El mundo se mueve por intereses económicos y todo, absolutamente todo y no quiero parecer derrotista, es una mentira destinada a negociar y a lucrarse con la buena voluntad de los demás.
Es verdad que yo me apunté al concurso de marras porque soy nueva en esto y porque pensé que podría lograr algo que me encanta, la crítica constructiva. Creí, antes de saber que se presentarían 5.000 blogs, que detrás de todo habría un grupo que se dedicaba a valorar objetivamente el trabajo que se presentaba, como es costumbre en cualquier concurso literario, científico, etc., etc., que se precie. Pero resulta que el sistema que sigue la organización es dejar que sean los propios concursantes los que voten a los demás. No hace falta decir lo que este despropósito supone. La gente se dedica a promocionar su blog de forma agresiva, a negociar votos…bueno algo alucinante, de lo que me he ido enterando porque ha sido una y otra vez denunciado a voz en grito por algunos de los participantes, más acostumbrados ya a luchar en estas guerras y un poco hasta la peineta de que les tomen el pelo.
Supongo que el negocio andará publicitando a ciertas marcas o a ciertas empresas porque es lógico que de algún sitio tienen que salir los 3.000 eurazos que se lleva como trofeo el blog ganador, que no sé si es el que tiene más calidad pero no cabe duda de que sí es el más votado.
Yo sé que lo que voy a decir va a sonar a cuento chino o a despecho pero os prometo de corazón que estoy contentísima con mi resultado. En mi categoría había 805 blogs y he quedado en el puesto 28, resultado que no daría como para tirar cohetes a no ser que se diga que de los 5 votos que he logrado, menos el del amigo Fer con el que ya he compartido tertulia y que votó desde el corazón, el resto, con sus respectivos halagadores comentarios me han sido concedidos por blogeros a los que no conocía, gente que hace un trabajo estupendo, algunos incluso profesionales del periodismo y que han caído por curiosidad o por casualidad en esta salita que hemos montado entre todos.
Por cierto quiero aprovechar el momento para deciros, queridísimos contertulios, que en los cinco votos recibidos queda claro que el mérito de esto que hacemos no es para nada mío. Gente que escribe las hay a miles en la red, profesionales de la palabra a cientos, pero sé que no hay ni un blog como éste y esto me lo digo yo y no hace falta que me lo confirme el jurado de ningún concurso porque el protagonismo, la gracia y la originalidad no está para nada detrás de mis palabras. La vida empieza cuando sois vosotros los que animáis el cotarro con la frase aguerrida en contra de lo que no es justo, con la gracia del chiste que viene de perlas o con la amabilidad diaria que se cuela sin querer en las palabras.
De nuevo gracias a todos. Con vosotros tengo ganado el concurso. El próximo: Eurovisión. “Soy un sunami….” (léase cantando)

martes, 28 de septiembre de 2010

DE HUELGA

Me resulta muy difícil pronunciarme sobre la huelga. Creo que estamos demasiado contagiados por los virus externos para ser capaces de reflexionar sobre el sentido y el fin de un evento como éste. Pero hoy es día de “mojarse”. Hay que atreverse con los sentimientos, aunque sólo sea por el hecho de aprovechar los recursos que nos brinda esta sociedad democrática que costó tanto a tantos.
Para analizar lo que pienso sin presiones he tenido que aislarme un poco del mundo, dejar aparte los prejuicios y los análisis de otros y cerrar los ojos un momento para escarbar un poco en el fondo de mi intelecto y un mucho en el borde del corazón.
Ya en el primer parpadeo, mi inmediata sensación ha sido pensar que me alegro mucho de vivir en un país donde existe la libertad de convocar una huelga. No olvidemos lo que esto hubiera supuesto hace un tiempo que está ahí en la esquina que doblamos.
Es justo decir en alto que la situación no puede seguir así. La gente que gobierna tiene que ponerse en movimiento y entender que no puede continuar cargando el peso sobre el mismo pie. Que hay crisis mundial, eso está claro. Que si gobernara otro la situación sería la misma, eso al menos yo lo tengo claro también. Pero no pueden seguir apretando siempre el mismo tornillo cuando la mesa cojea, ofreciendo miel sobre hojuelas al que maneja el dinero y negociando con él su contento aunque sea ésta, tal y como sospecho, la única forma de comprar el progreso. ¿O es que acaso alguien se cree que los de arriba son tan tontos como nos lo pintan y que se están sometiendo a este suicidio político sin garantías de ganancia?
Pero siento tener que decir que tampoco estoy a gusto con los sindicatos y que hay algo en ellos que me hace reticente a la huelga. No me gustaría ser desagradecida porque a ellos debemos tanto los trabajadores que probablemente nunca seremos capaces de hacer justicia con aquella gente que tuvo arrestos para exponer su vida con la visión de tener lo que ahora tenemos. Aunque tengo que echarles en cara que estén tan deseosos de salir en la foto y que se luzcan tanto en las causas comunes pero a la hora de la verdad, cuando el empresario te pone la carta del adiós en la mano, dejes de ser para ellos “causa televisiva” y te digan sin miramientos que lo tuyo es un problema particular y que eres tú el que tienes que ventilarte el olor a rancio.
Por encima de todo, lo que más odio de la huelga es la coacción. No soporto el tema de los piquetes. Me da igual que al final las cuentas sean miles, millones o cientos porque sé que la mayoría de los que fueron a huelga lo hicieron por imposición, por imposibilidad de desplazamiento o por miedo.
Quedan ahí mis pensamientos y mis dudas. Que cada cual actúe con el corazón y según le pida el cuerpo. Al final y lo más absurdo de todo es que actualmente, igual que 4 millones de españoles sigo en paro. No sé qué hago hablando de huelga.

jueves, 23 de septiembre de 2010

EL CLUB DE LECTURA

Hace unos días abrí una nueva sección en el blog. Pensé hacerlo de forma discreta, sin darle mucha publicidad, sobre todo por el pudor de que alguien malinterpretara el sentido de la aventura o entendiera que se me “ha ido la olla” con esto del “blogger“, viéndome a mí misma como crítica literaria o emuladora a lo cutre de las reuniones del Café Gijón, nada más lejos de lo que mi vergüenza y mis dos dedos de frente me permiten.
Pero luego he estado madurando la idea y creo que la intención y la ocurrencia merecen una entradita aparte para informar a los colegas de charla de lo que se cuece en el horno de esta tertulia.
Ya una vez hablé de unas amigas que tengo con las que aprendí a soñar. Con ellas conservo la sana costumbre de reunirme cada cierto tiempo para comentar sobre lo divino y lo humano, para respirar aliviada porque sus hijos son igual de petardos que los míos o para hacer un repaso, así como por encima, de los cotilleos que hemos conseguido anotar mentalmente en el interludio de nuestras reuniones con esa sonrisa pícara del ¡ay cuando se lo cuente a las niñas! (¿las niñas mamá? que dice con sorna la hija de alguien del grupo.)
Pues bien, en la última de nuestras conversaciones a una de ellas se le ocurrió una idea. Se trata de hacer algo así, a nuestro modo, como un club de lectura. Se ha formalizado una propuesta de libro y en nuestra próxima reunión, en noviembre, todo el mundo tiene que traer la tarea hecha para comentar a nuestro modo la obra. Evidentemente será imposible conseguir algo serio conociendo al personal. Algunas, acostumbradas como están a esos cursos horrendos que sufrimos a veces por trabajo decían así como entre risas: hacemos una tormenta de ideas. Ideas no sé, pero tormenta…de eso no me cabe la menor duda.
El caso es que a mí esto me encanta. Disfruto enormemente con la lectura y a veces echo en falta la posibilidad de comentar con el mundo lo que he sentido. Pero, claro, con la amplitud de oferta literaria que se encuentra hoy en día en cualquier supermercado y lo ajetreado de la vida que llevamos, es difícil coincidir con un amigo que haya leído el mismo libro o que lo haya hecho en un tiempo tan cercano que la memoria alterada por los miles de usos cotidianos que hacemos de ella, nos permita a ambos tener un recuerdo cristalino del argumento.
Luego en casa, dándole mil y una vueltas como siempre con la parte hiperactiva del cerebro que me tiene agotada, se me ocurrió trasladaros la propuesta al blog y haceros partícipe de mis entretenimientos. La idea es tan simple como mágica. He abierto una nueva sección que veréis arriba y pinchando en ella se abren las puertas de un nuevo salón, en este caso abandonamos la salita de estar y os invito a pasar a la biblioteca. Pretendo combinar, ya me las ingeniaré, la tertulia de cafetería con la charla virtual. Todo el mundo puede opinar sobre el libro. No se trata de dar una conferencia ni de asistir a un coloquio con Sánchez Dragó. Se trata de pasar un rato ameno y de poner alas a la imaginación.
Estáis invitados a la inauguración sin copita ni canapés, esa es la pena, pero con la ilusión y las ganas de teneros por allí, incondicionales como siempre. Ya está hecha la primera propuesta de lectura. Más adelante pondremos los plazos para que todo el que quiera comente a la vez y nadie “destripe” a nadie el final de la historia.
Pasaros por “El club de lectura” y bienvenidos al mundo de las hadas.
Ah! por cierto, que a nadie se le olvide: los que no leen porque no quieren o porque no pueden, los que no pretendan suscribirse a la presión del plazo para leer un libro, que sepáis que aquí os estaré esperando como siempre, en la tertulia, empeñada en salvar de la quema estos buenos ratitos en los que una siente de veras la delicia de seguir viviendo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

REVUELTO DE HORMONAS

Llevo unos días "flojilla" en esto de la escritura. La vuelta al cole de mis retoños y mil y una complicación que no vienen al caso, me han mantenido tan entretenida que no he dispuesto de un segundo para entrar en mi espacio interior a reflexionar sobre el mundo.
Hoy, en un arranque de sentimentalismo y buscando su complicidad, le pregunté a mi hija de trece años: María ¿sobre qué quieres que haga la entrada del blog?
Fíjate si he estado tonta estos días...como si yo no supiera, conociendo a la susodicha y partiendo de que hablaba con una preadolescente, atascada hasta la rodilla en el barro arcilloso en que se convierte la edad del pavo, que iba a responderme de la única manera posible que la revolución hormonal le permite: yo qué sé, mamá, escribe sobre los Jonas Brothers.
Vamos, hombre, lo que me faltaba...los Brothers. Mira que les tengo tirria a las tres criaturas. Y no es, evidentemente, porque yo haya tenido con ellos un mal cruce de palabras, en primer lugar porque no me codeo con estrellas y en segundo, que no menos importante, porque el inglés que manejo no creo que me sostuviera más allá del "how are you" que es mi saludo educado, pronunciado en un espaninglis confuso.
Tal vez sea más bien porque con diferencia, son las tres caras masculinas que tengo más vistas desde que adquirí el uso de la razón, por encima por supuesto de la de mi marido, la de mi padre o la de Mel Gibson, amor platónico de mi juventud que me lanzaba guiños azules a través de la pantalla de un cine.
Si entro en la habitación de la niña allí están los tres, ocupando cada centímetro de pared y mirándome con sonrisa Disney mientras barro bajo la cama. Que pongo una lavadora, allí están ellos de nuevo, colgados del tendedero serigrafiados en las camisetas. Si intento leer un rato vuelven de nuevo a la carga, llenando mi espacio auditivo con sus tres voces de pito.
Nick el de los ricitos que es el amor de su vida, parece de la familia. Conozco que sufre diabetes, la marca de guitarra que toca, el número de pie que calza, por supuesto el nombre del perro y de la madre que los alumbró, para dicha de mi hija.
Claro que alguna vez, como todo en esta vida tiene una doble lectura, los famosos hermanos Brothers como les llamo de forma cateta para molestarla a ella, me han hecho recordar la edad en que era yo la que soportaba los granos, la que volvía loca a mi madre y la que luchaba con el cambio que me atenazaba por dentro, escuchando a los Pecos aullar a la luna, una historia sobre la esperanza y algo de un sueño y una ilusión.
Supongo que por ahí hemos pasado todos aunque nos de vergüenza reconocerlo y que más de uno guardará en el baul de la memoria a aquel personaje curioso del que luego renegamos, cuando la batalla de las hormonas acaba siendo ganada por el buen gusto, la elegancia y la exquisitez.

viernes, 10 de septiembre de 2010

CUÉNTAME UN CHISTE

En una de las barbacoas familiares de este verano, se quejaba mi sobrina del tópico típico que existe (uno de ellos) con respecto a los andaluces y contaba que allá por donde va, siempre hay alguien que cuando conoce su orígen le pide que cuente un chiste.
Sé, como sabemos todos, el daño que se le ha hecho a muchas regiones de España tildándolas de tal o cual cosa. Pero tengo que decir que no es este tópico precisamente el que más me molesta.
Creo sinceramente que detrás de los mitos como de los refranes, siempre hay algo de verdad, una circunstancia que propició que los demás tengan esa percepción de nosotros mismos. Ahora, eso sí, distinto es que esta forma de ser o este carácter sea utilizado por otros para hacer mofa o para desprestigiarnos.
En el caso de Andalucía pienso que nuestra cultura y nuestra idiosincracia, regada con el sudor de la gente que nos precedió es la que ha hecho que seamos como somos. La cantidad de civilizaciones que han pisado nuestro suelo, la mezcla de creencias, el bullicioso comercio americano del siglo XVIII...todo unido a este clima que nos permite vivir al raso la mayor parte del año, hace que el andaluz sea hablador por parte de padre, contador de historias por herencia materna y "anecdotista" por antonomasia.
A mí no me importa que alguien me pida un chiste, aunque siento la decepción porque no tengo memoria. Siempre, claro está, que eso no menoscabe en nada el resto de mis aptitudes. Que nadie se equivoque con eso. Saber contar un chiste no significa falta de seriedad, ni incultura, ni por supuesto ausencia de profesionalidad en lo nuestro. No es más que una habilidad nacida con algunos que no con todos, junto con la tez morena o la "h" aspirada del habla.
En mi entorno hay grandes contadores de chistes, desde aquí un sincero homenaje a mi tío Lucas y grandes desgranadores de historias con los que me encanta reirme. No creo que haya algo más enriquecedor que el embrujo de alguien que sabe conjugar las frases para hacerte reir con un hecho verídico que a fuerza de exagerarlo, acaba convirtiéndose en leyenda.
Por eso os lanzo un reto. Vamos a perpetuar o a terminar con los mitos. Sea de donde seas, llegues de donde llegues: déjame una anécdota o cuéntame un chiste. Ahí va el mío.
- Abuelita, abuelita -dice asombrada Caperucita- ¡qué ojos más grandes tienes!
- Para verte mejor- responde el lobo
- Abuelita, abuelita ¡qué orejas más grandes tienes!
- Para oírte mejor
-Abuelita, abueli...
- Mira niña ¿tú a qué vienes aquí a traerme la merienda o a ponerme faltas?

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