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martes, 4 de febrero de 2014

Diez años

He leído que en estos días Facebook cumple diez años en la red.
No puedo evitar sonreír cuando recuerdo la sensación extraña con la que  me acerqué a aquel mundo. Como el pobre gato al que inmortalizó la curiosidad, no pude resistir la tentación de comprobar por mí misma, si era cierto ese cúmulo de emociones que decían mis amigos que sentían. Me parece que noto aún el atenazante nudo de los prejuicios y el encogimiento de nariz de los remilgos con los que me asomé, hace ya más de cuatro años, a ese lugar que quería saber la fecha de mi nacimiento, el colegio donde había estudiado y un sinfín de intimidades que al principio me costó mucho "soltar".
Ahora, a cuatro años vista, tengo que reconocer que facebook se ha convertido en mi cotidianidad. Es como la plaza del pueblo con su reunión de comadres, la biblioteca y su ficha de préstamo que me contaba quien leyó el libro que me llevaba a casa, o el bar de la Facultad, donde tenía la certeza a un simple golpe de vista, de si el moreno del jersey de rayas estaba en su hora libre o la rubia de las botas de ante se había "fumado" la clase de latín.
Tengo que reconocer que la época ha sido intensa. Son muchas las satisfacciones que me ha proporcionado este sitio web, red social o "cosa rara", como queráis llamarle al invento. Sé que probablemente habrá muchos detractores de esa puerta de entrada a los secretos del alma. Los entiendo y los respeto. En mi defensa, sólo puedo contarles que navegando por el azul acuoso de Internet, he vuelto a encontrar a los amigos que creía perdidos a lo largo de la geografía del país o a lo ancho de la bruma que provoca el paso de los años. Con ellos me fui topando a medida que pasaban los días, con la intención sincera de saber de su presencia, de darle al "me gusta" de sus vidas para recordarles que no hace falta compartir la mesa de los sábados ni la afición de los domingos, que a través de este invento fantástico es fácil hacer un clic y evocar aquella vez que dividimos lágrimas o sumamos risas.
A lo largo del tiempo compartido entre juegos adictivos y citas de escritores que sentencian la vida, he visto muchas formas de integrarse en esta red. Están los más atrevidos, a los que no les importa mostrar su universo tal cual es, con la imagen de la playa por la que la pasean o el verso que describe el vacío que quedó en su corazón. Pero también los hay que ni siquiera ponen su nombre y te dejan un mensaje divertido donde dice "oye, que la bruja piruja no soy otra que yo".
Creo francamente que no hay más que pedirle a la red, porque no hay otra cosa mejor en el mundo que gente con la que compartirlo. Cada uno trae consigo sus bondades, sus maldades, su forma de dibujar el sendero por el que camina. Para mí personalmente Facebook ha sido todo un descubrimiento, un hueco en el que sé que siempre hay alguien, el lugar de reunión de mi pandilla, un soplo de aire fresco. 
Feliz cumpleaños. Y que sean muchos más.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Habrá poesía


Hoy he leído un estudio que dice que los ambientes desordenados contribuyen a la creatividad. Dicen estas eminencias de la Universidad de Minnesota que "el orden y el desorden son estados comunes del ambiente que activan distintas partes de la mente".
La verdad es que me he puesto muy contenta al leer el estudio. En serio. Mira que yo ya no me creo nada de esos experimentos, y menos cuando los dirigen los americanos que son unos peliculeros. Pero, estoy contenta yo hoy.
Después de terminar el artículo, he entrado al cuarto de mi hija y he llegado a una conclusión: si el desorden activa la creatividad, yo tengo en mi casa a Leonardo da Vinci en su reencarnación femenina.  Lo qué es la vida. Venga a quejarme, y resulta que la niña tiene por el suelo siete pares de zapatos porque es un genio. 
Pero, en fin...no venía yo hoy a hablaros de eso, que me lío y luego no doy pie con bola. 
¡Uy! estoy pensando...a ver si yo también soy una fenómena y no me había dado cuenta. Pues nada...ya no junto más los calcetines. A lo mejor con un poquito más de desorden soy capaz de dibujar algo que vaya más allá de la casita en el campo con el tejado a dos aguas. (Por cierto, hago un inciso, yo no sé por qué, viviendo en Andalucía, es pensar en dibujar una casa, y ala! tejado inclinado y chimenea, como si en vez de vivir en Cádiz, una fuera de Canadá.)
Bueno, en realidad, lo que hoy yo quería contaros es el motivo de que últimamente el blog esté un poquito abandonado. Sé que lo habéis notado y que alguno de vosotros me riñe cuando nos encontramos.
Como diría sabiamente mi madre, "en Misa y repicando no se puede estar". Y cuánta razón lleva, la mujer. 
Tengo que contaros que estoy en plena etapa de escritura. Tengo todos los sentidos puestos en una historia que me revolotea por la cabeza, que me pilla a traición cuando menos me lo espero y me obliga a sentarme a esculpir personajes.
Sabéis que colaboro con una revista digital con la que me comprometo a escribir una reseña mensual. Ello, evidentemente, supone haberme leído el libro sobre el que voy a dar mi opinión. 
Soy miembro del jurado de un certamen literario. Eso, bueno....eso es leer muchísimos relatos para votar a qué persona se le va a conceder algo que provoca una enorme ilusión. Por eso, para mí el tema es muy serio. 
Si a todo esto, le añadimos el bla, bla, bla del día a día de una madre y ama de casa tristemente pobre que no tiene empleada del hogar, ya os podéis imaginar los malabares que hay que hacer para encontrar la frase exacta en un relato, resolver los paréntesis de la tarea de matemáticas y mantener decente el suelo de la cocina.
Espero que los que hayáis tenido la paciencia de quedaros a leer este texto, no lo entendáis como una especie de curriculum, adobado con una salsa de falta de humildad. Simplemente os lo cuento, porque no me gustaría que esos amigos a los que me encuentro en la calle, en la cola del banco o en el super del barrio y me dicen que escribo muy poco en el blog, tuvieran la sensación de que esto es un "campana y se acabó", de aquellas con las que se cerraba cada noche el Un, Dos, Tres.
Quiero que sepáis que si me siento a gusto y vosotros también los estáis, si las estadísticas siguen cantando que hay gente a la que no le importa perder un ratito en venir a tomar el café de este salón...aquí voy a estar.





Mientras el corazón y la cabeza
             Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
             ¡Habrá poesía!


Gustavo A. Becquer


domingo, 20 de diciembre de 2009

¿QUÉ HACEMOS AQUÍ?

En vista de que los temas se han ido proponiendo a lo largo de la semana y de que no ha dado tiempo a votar, una pequeña mano inocente de mi familia eligió un tema al azar de entre las tres propuestas.
En este caso y dando por vencedor absoluto al amigo Gamboa, voy a intentar contestar a su reflexión sobre porqué estamos aquí contándonos parcelas de nuestra vida a través de un ordenador.
Creo que a lo largo de la historia, el hombre siempre ha sufrido un enorme miedo al progreso. Supongo que cada vez que la ciencia ha ido realizando cambios verdaderamente significativos, el ser humano ha debido sentirse mareado por el vértigo de verse en el borde de su mundo, como si la revolución fuera a producirse de forma tan radical que con ella temblaran para siempre los pilares de la tierra.
Esto que hacemos aquí, reunidos alrededor de esta maldita y bendita máquina, no es más que acomodarnos a lo que el progreso y el futuro de ayer, que hoy ya es presente, nos ha traido.
Evidentemente, las nuevas tecnologías llevan intrínseco todo lo bueno y todo lo malo que el ser humano es capaz de transmitir "genéticamente", a todas las criaturas que nacen de su intelecto. La misma materia intangible de la que está hecha una bomba de destrucción masiva, es el componente mágico de una máquina que actúa contra el cáncer. Todo depende del uso y disfrute que hagamos de la máquina o de la materia.
En cuanto a las conversaciones por ordenador, yo en esto como en todo aplico una máxima que aprendí hace mucho que dice: en el centro (léase en la mesura) está la virtud. En mi caso, esta tertulia virtual con la que me estoy divirtiendo, no menoscaba para nada mis relaciones sociales "en persona" ni el resto de mi vida diaria. Todo lo contrario. Está consiguiendo que a través de los comentarios y de las anécdotas, vaya recogiendo algunas de las piezas del puzzle que conforman la personalidad de cada uno y me siento muy contenta de que mis amigos, mi familia, al fin y al cabo mi gente, coincidan alguna vez en un entorno.
¿ Que hay personas que ésto lo convierten en el motivo principal de su vida y se encierran en una burbuja? Pues sí. Pero enfermedades mentales las ha habido siempre. ¿ Que la gente se dice las cosas por escrito y no a la cara? Pues sí. Pero ¿cuántos christmas hemos escrito en nuestra vida para desear Feliz Navidad al que tenemos enfrente?
Yo, por si acaso, me confieso desde aquí admiradora convencida de todo lo bueno que el futuro pueda depararnos y, por cierto, si alguien encuentra por ahí algún robot, chip o especie alienígena que sepa limpiar "remangao" la cocina, por favor que me lo envíe a esta dirección de correo. Sabré recompensarlo.
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