miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sainete familiar

Imaginaros la escena:
Seis de la tarde, casa en silencio. Yo, sentada en un dormitorio con muebles blancos (muy bonito por cierto, no es porque sea mio ), en una mesa de estudio situada junto a la ventana. La luz tenue que entra a través de las persianas a medio bajar, da un aire mágico a la pantalla del ordenador donde van surgiendo las palabras a golpe de teclado.
De pronto, se alza una voz adolescente ( momento en que el cambio de niño a hombre se está produciendo en las cuerdas vocales, y no sabes si el que habla es tu hijo o hay que llamar a Iker Jiménez) desde otra estancia de la casa (concretamente la cocina).
Comienza el diálogo:
EL NIÑO. (A gritos): ¡Mamáaaaaa!
YO. (Con voz de "otra vez, es que no paran y no me dejan hacer nada ni un minuto"). ¿Qué?
EL NIÑO. ¿Dónde está la mermelada?
YO. (En el tono se nota que la irritación va subiendo de grado) Pues dónde va a estar, donde está siempre. En la nevera.
EL NIÑO (Después de un breve minuto de silencio) ¿A la derecha o a la izquierda?
YO (Con voz tranquila, haciendo como que me invade la calma, cuando realmente podría subirme por las paredes a una velocidad que ya quisiera el spiderman ese) Tú entra y sigue el pasillo, al final hay una puerta verde, pues esa.
EL NIÑO (Que no domina todavía muy bien el arte de la ironía, pero que sabe por el tono que hay "cachondeíto") Mamá, era una pregunta, tú siempre igual.
Pero, vamos a ver, me pregunto yo terminando el sainete: ¿tanto espacio hay en una triste nevera con tres baldas para que el niño tenga que preguntar hacía qué lugar tiene que dirigir la vista? ¿En qué quiere ahorrar?, ¿en córnea?, ¿en movimientos de retina? 
Sabéis que siempre he dicho que no me gusta repetir aquello de "igualito que en mis tiempos". Me parece absurdo pensar que lo nuestro fue mejor que lo que tienen ellos y que se era más feliz viviendo sin móvil, sin internet y sin xbox, jugando a la cuerda y al elástico o compartiendo cine infantil hasta los catorce. Creo sinceramente que cada uno intenta acercarse  al rescoldo de la felicidad, de acuerdo al momento que le toca vivir. 
Ahora, eso sí, creo que hay algo que ha cambiado sustancialmente la forma de mirar a los hijos en los que hoy somos padres. Estamos inmersos en una sociedad tan competitiva, que para que los niños no pierdan comba, no nos atrevemos a permitirles equivocarse. Veo a diario a madres que prefieren hacer el trabajo del colegio, ellas, aunque el niño no se entere de nada, que dejarlo a él hacerlo medio bien, porque eso supondrá una bajada en las notas. Y entonces, la bola, la esfera en la que todos nos movemos empieza su giro y te atrapa, porque al final, y para continuar con el ejemplo anterior del trabajo escolar, tú acabas también haciendo o perfeccionando la tarea, los deberes como decís por el norte, para que el tuyo no sea el peor, el menos listo, el último.
Y claro, como ellos se dejan querer y son unos fenómenos en aprovecharse de las circunstancias, cada vez van teniendo menos responsabilidades y más dependencia. Mejor asegurarse que llevan todos los libros para que no les pongan el negativo, mejor guardarles en la mochila el bocata no vaya a ser que les de un mareo...
No sé. Creo que en esto como en otras muchas cosas, tengo que agradecer a mis padres que me permitieran tener errores. No es que yo sea un dichado de virtudes, vaya la aclaración por delante, pero os aseguro que para lo que debo hacer, no dependo de nadie.
¿Qué pensáis al respecto?

6 comentarios:

Marcos dijo...

Pero a que fuiste a la nevera a sacarle la mermelada.

He de confesar que muchas veces no encuentro lo que busco en las tres baldas, y he de pedírselo a mi mujer, aunque tenga que oirme algo parecido a lo tuyo con la retina.

NuriaLourdes dijo...

Hola Mamen. Felíz de pasar por tu cálido blog y encontrarme con un bello post, tan cierto además.
Justo ayer subí a la habitación de mi hijo que tiene 11 años, no suelo subir seguido, imaginando que al decirle que cumpla con ordenar y asear el cuerto, lo hará... pero ayer... casi me desmayo. Jajajaja. Lo que me gustó es que le hablé y le dije que entre los dos lo haríamos, al final así fue y quedó hermoso, con buen aroma y todo en su sitio.
Es verdad que no hay que consentirlos demasiado, nuestros tiempos fueron mejores... siempre lo digo y lo sostengo.
Un fuerte abrazo y saludos desde Perú.

Mamen Orcero dijo...

Marcos: no, no le busqué la mermelada...ja,ja. Soy una madre dura...ja,ja.
Nuria: gracias por venir al cafelito desde Perú. Siempre eres amable y encantadora. Ay...esto de ser madre es difícil ¿eh?.
Besos a los dos

Nati Velázquez dijo...

Ay Mamen cuanta razón tienes, lo vivo casi a diario, niños totalmente dependientes, se lo hacen todo y cuando se les olvida algo su respuesta es " es que mi madre no lo ha metido"....... Por suerte no son todos iguales!!! Btos

JUAN dijo...

Un placer leerte, mamen. Últimamente estoy desganado y desmotivado para escribir y comentar, aunque leo lo que escribís mis amig@s. En cuanto a la crianza de los hijos de los padres modernos no la comparto. Quizá tenga mucho que ver que yo pasé mi infancia interno en un colegio de monjas donde la disciplina se aplicaba con la regla en la palma de la mano y con castigo desproporcionados. Mis hijos están casado o viven con su pareja, saben todos planchar y hacerse su cama y hasta guisar. Han sacado becas para estudiar y dos de ellos acabaron la carrera. Se han comprado ellos sin mi ayuda sus coches y pisos. Y no por eso nos quieren menos que otros que han sido mimados y han tenido toda clase de caprichos.

Mamen Orcero dijo...

Hola Nati. Me gusta tu versión como profe porque notaréis muchísimo esto que cuento. Mira que yo a veces pienso de mí misma que soy un poco dura en comparación con las cosas que oigo. Pero a pesar de eso, no tengo nada que ver como madre a la forma en la que nos educaron a nosotros. En fin. Gracias por aportarnos tu experiencia.
Juan ¡Hola! Te hemos echado de menos. No he querido ir a pincharte porque no quería comprometerte a venir, pero me alegro mucho de volver a leerte. Yo últimamente tengo abandonados los blogs amigos, lo reconozco, pero es que me meto en muchos líos a la vez y no doy pie con bola.
Tengo la sensación de que para sobrevivir a este paro impuesto del que no veo salida, no tengo más remedio que reinventarme, Juan, así que me busco mil actividades para mantenerme activa. Pero, algunas veces me paso. Ya cuando empiece más el invierno y los horarios se asienten...volveré a la lectura de blogs y a los ciberamigos...ja,ja.
Gracias por estar, Juan.

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