viernes, 12 de marzo de 2010

UN MINUTO DE SILENCIO

Sé que hace apenas dos días dejé una entrada en el blog en la que os hacía partícipes de "la dicha" de cumplir un año más y sé tambien la importancia debida a celebrar este tipo de acontecimientos que dejan una marca en el minutero pequeño del reloj de la vida.
Pero como el destino a veces suele jugarte bromas macabras, quiso que hace seis años, la fecha de mi aniversario quedara para siempre señalada en el calendario de este país, como una de las tragedias más sobrecogedoras y "sinsentido" que han sacudido a España desde que tengo memoria.
No era la primera vez que la radio de la mañana abría la emisión con la voz apagada de las malas noticias, ni fue ese momento el único en que la sombra del terrorismo se cobraba vidas en la historia de la democracia. Pero fue de tal magnitud y de tal espanto el alcance de la onda expansiva de la tristeza que no podía dejar pasar esta fecha para mirar hacia atrás y presentar al mundo mi dolor y mi respeto ante tanta tragedia.
Lo que sí os propongo, después de estos seis años de un duelo que será eterno, es hablar de aquel día sin politizar el discurso, sin volver a caer en aquel enfrentamiento brutal que dividió a España de nuevo. Ahora es el momento de recordar la historia de alguien que algún día se llamó Manuel, de un hombre sencillo de nombre José... de todas y cada una de las personas que dejaron su futuro sentado en una estación de tren y de todos aquellos que todavía los esperan cada tarde, al abrigo de cualquier andén.
Malditos sean para siempre aquellos que causaron un dolor tan inútil en nombre de una lucha ajena. Malditos sean, donde estén, esos que creyeron que el terror de la buena gente abriría para ellos el cielo de los que no tienen alma.
No siento nada por ellos, ni siquiera odio. No me queda sitio en el corazón porque sigue ocupado por completo por la desolación, la solidaridad y la tristeza que guardo para los que se fueron, para aquellos pasajeros de tren por los que no podemos hacer nada más que guardar un minuto de silencio.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que hay muchos periodistas por ahí que se la dan de escritores y podrían venir a leer esto

Mamen dijo...

Gracias amigo/a por tus palabras pero de verdad no es para tanto. Te sorprendería ver la de gente que encuentro escribiendo en blogs de una calidad altísima y la mayoría no son periodistas ni se ganan la vida con ésto. Lo que ocurre, como todo en la vida, es que es verdad que a veces se le da una importancia mayor de la que tienen a ciertas personas por el márketing que hay detrás de ellos.

primu dijo...

Estoy de acuerdo contigo anónimo,de hecho he tenido la oportunidad de leer artículos muy buenos que mame escribio en un periodico,le he pedido que ponga alguno en el blog pero se niega porque dice que no quiere aburrir a nadie,recuerdo un concurso de cuentos de navidad cuando era pequeño,le pedí ayuda y terminó haciendolo ella,trataba de un polvoron de coco al que nadie quería y sus aventuras para conseguir llamar la atención y que se fijaran en él,lógicamente gané el concurso lo que nadie se creía es que yo hubiera escrito la historia.¡¡¡¡SALUD!!!!

Mamen dijo...

ja, ja...todavía te acuerdas del polvorón de coco que ganó un lote de libros de literatura infantil que nunca leíste...este primu... Lo que yo no sé es si tú sabrás que después de tí la esencia de esa historia volvió a ganar otro concurso infantil porque alguien que recordaba de qué iba, le dio la idea a su hijo pequeño para un concurso del cole. ¿A qué es verdad contertulia? ella sabe a quien me refiero.
La historia del polvorón de coco al que nadie quiere y se queda dentro de la caja en un cajón a punto de caducar es con diferencia, la historia más surrealista que he escrito nunca. Eso sólo se hace por un hijo o en este caso,por un hermano pequeño.
Bueno, pero no hablemos de mí. ¿Qué recordais del 11-M?

Mili dijo...

Mamen por Dios queremos ver la historia del polvorón del coco YA!!!!!!

Mamen dijo...

Noto cierto tono jocoso en estos comentarios...

primu dijo...

Creo que el original se perdio,o no se si a lo mejor alguien lo hizo desaparecer,si aun existe exijo que aparezca.

primu dijo...

Volviendo al tema y con la esperanza de que el cuento del polvoron de coco aparezca,la imagen del 11M que primero se me viene a la cabeza es la de una explosion en una estacion en la que se ve el tren y gente alrededor,derepente una bola de fuego y luego a nadie,en un segundo cambio el destino de miles de personas,las victimas y sus familias.

geli dijo...

Yo recuerdo que fui a tomarme un café al bar de al lado, al llegar al trabajo y estaban poniendo en la tele la noticia. Como estaba pasando en ese momento se dijo que era un atentado de ETA y que había heridos, pero que no se conocía el alcance. Mientras me ponían el café y me lo iba tomando, la noticia se iba haciendo cada momento más horrible.
A la vuelta al trabajo, empezamos a buscar en internet y el resto del día no se me pudieron agachar lo vellos, que tuve todo el tiempo de punta.
No puedo entender como puede planearse una burrada de ese calibre, y que aún pudo tener más alcance, si no hubiesen los típicos retrasos horarios.
La parte buena (como en todo la hay), la gente que en medio del caos se olvida de salvar su vida y acude a ayudar a otros, o aquellos voluntarios que en vez de escapar de horror, se acercaron a ayudar a las víctimas o a dar ánimo a los familiare. Tareas muy duras en un momento como ese.

Del tema del polvorón, creo que la musa fue "el tito Lucas", que siempre se comía los polvorones de coco y canela que sobraban del año anterior, jajaja ¿Acierto?

Mamen dijo...

Pues yo recuerdo que tú me llamaste. Acababa de pasar. Yo volvía de del cole y pensé que era muy temprano para felicitaciones de cumpleaños. Y tú me dijiste: pon la tele,pon la tele. Y la mañana se convirtió en un momento duro. No hacía más que pensar en nuestra gente de Móstoles, que andaba a esas horas camino de sus trabajos en Madrid, fuera de cobertura, en un lugar perdido donde les paró su tren que tuvo la suerte de no ser uno de los elegidos.
Recuerdo aquella tarde en una manifestación silenciosa en la Plaza del Rey. Conservo vivo como si fuera hoy la sensación de duelo, de tristeza, de gente llorando y sobre todo nunca podré olvidar el silencio. Nunca había estado rodeada de tanta gente en un silencio tan absoluto.
Es para no olvidarlo nunca y es justo que así sea.

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