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sábado, 23 de julio de 2016
Noticias
Hay días en los que da miedo asomarse al mundo. Me parece estar sentada en el brocal oscuro de un pozo, escuchando de fondo la algarabía del terror corriendo por las calles. Entonces recuerdo los veranos en los que el espacio de la maldad colgaba el cartel de vacante en los telediarios, y echo de menos el sosiego de las recomendaciones de lecturas y fiestas de pueblos.
domingo, 19 de junio de 2016
Viajar
Se abre el debate. Buenos días.
jueves, 2 de junio de 2016
Cartas
Hubo una vez un tiempo en que a mi buzón llegaban cartas. Eran trozos de papel que alguien había cocinado, macerándolos en el almíbar dulce de los sentimientos. Con ellos aprendí todo lo que sé de la amistad, del amor, del cariño de la familia lejana. Hoy, cuando me deshaga de la publicidad, intentaré no ahogarme con el vacío de la nostalgia.Buenos días
viernes, 11 de marzo de 2016
Balance
Dicen los psicólogos que cuando una mujer cumple cincuenta, se empeña en realizar el balance de su vida. Como hoy cumplo cincuenta y uno, he tenido doce meses completos para revolver los cacharros del baúl de lo vivido.
Hacer inventario no es fácil, os lo digo ya. Creo que somos demasiado críticos y muy poco generosos cuando nos observamos en la intimidad que proporciona el fondo del corazón, cuando no hay que aparentar serenidad ni adivinar la perplejidad en los ojos de quien mira.
Pero de nuevo estoy aquí, he vuelto del viaje al reencuentro tomando oxígeno con ansia después de la jornada de buceo, aspirando el olor del mar soñado y saldando las cuentas que me fui dejando abiertas a lo largo del camino.
El final del análisis no ha dado mal resultado, después del debe profesional y el haber de la familia y los amigos. Qué poco cuenta la deuda de lo que debió ser y no fue, frente al crédito solvente de sentirse querida.
Gracias, vida, por estos cincuenta y uno.
Gracias, amigos, por aportar el saldo positivo del cariño y la amistad, de las felicitaciones que emocionan, de las ganas de futuro y los recuerdos divertidos.
Besos y gracias a todos, de verdad.
jueves, 3 de marzo de 2016
Bombones
Recuerdo a Forrest Gump sentado en aquella parada de autobús."La vida es como una caja de bombones...", decía en boca del actor de doblaje, con esa forma peculiar de pronunciar las palabras.
Pues yo creo que es verdad.
Cuánto chocolate hemos elegido engañados por el brillo espectacular de su envoltorio. Cuánto sabor a amigo amargo se nos ha quedado a veces entre los labios.
Pero esa es la vida, como afirmaba la abuela de Forrest: nada más y nada menos que un ejercicio de glotonería.
domingo, 28 de febrero de 2016
Andalucía
Hace mucho tiempo que la razón me enseñó cuánto daño le han hecho al mundo los colores de las banderas y los trazados de las fronteras. La Historia me llevó a la conclusión de que todos los males del mundo empezaron un día de hace muchos miles, cuando el ser se convirtió en humano clavando una estaca para separar su sembrado del hambre del vecino.
Pero reconozco que a veces soy contradictoria, como si fuese difícil seguir el compás con la cabeza, moviendo al unísono el corazón.
Hace un par de mañanas estuve en un acto institucional en el que se celebraba el día de Andalucía. En un momento dado, como broche final, un teatro a rebosar se puso en pie para escuchar el himno que identifica al blanco y verde de mi tierra. Y no sé qué pasó.
Al son de una música conocida, que esta vez se acompañaba de quejío flamenco y son de palmas, las emociones se me llenaron de recuerdos y de imágenes. En un momento, sin quererlo, como si los trajera la música flotando entre sus efluvios, me asaltaron olores de especia y sabor a gazpacho. Tuve la dulce sensación de revivir, en una caricia, las manos encallecidas de mi abuelo y de devolver a una cocina de baldosas gastadas, las conversaciones sobre el hambre y la miseria, esas que tanto me aterrorizaban cuando era niña.
Andaluces levantaos, decía el cantaor quebrando el alma y la guitarra, mientras yo me cosía sin pudor los volantes al alma, admirando a un pueblo que lleva una vida repartiendo dignidad por el mundo, volviendo al enfado de las burlas y los estereotipos gastados con los que siguen tratándonos, alegrándome porque somos puntal en muchas cosas, aunque por desgracia nuestros niños tengan que acabar marchándose.
"Qué contradictoria soy", pensé mientras aplaudía, procurando que nadie me viera guardar con un pañuelo los sentimientos. "Siempre me gana el corazón", me dije, saliendo del teatro, luchando por apagar la luz blanca de la sal de mi tierra que todavía continuaba encendida en la cabeza. "Pero qué suerte tengo", me sonreí, tarareando el son que llevaba aún prendido en la punta de la lengua.
Felicidades a mis paisanos y a toda la gente de fuera que sé que nos quiere. Feliz día de Andalucía.
martes, 9 de febrero de 2016
El nombre de la rosa
Esta vez, el ejercicio propuesto por Leonor en la tertulia ha sido diferente. No hemos partido de una imagen sino de un texto. Consistía en continuar con el relato a partir de un párrafo de la novela "El nombre de la rosa" de Umberto Eco.
Como siempre, un ejercicio interesantísimo. Cada uno de los presentes viramos, en cuanto a la forma literaria, hacia un lugar diferente. Hubo humor, ironía, sentimiento o crítica social, dependiendo del gusto o la personalidad de los que escribían. En mi caso, decidí hacerle un homenaje al autor y a ese momento dulce en que se pone fin a una historia y la cabeza deja de bullir de forma hirviente.
Ahí os lo dejo por si lo queréis leer. La primera parte ( en grafía diferente) se la he pedido prestada a Eco.
Me desperté cuando
estaba por sonar la hora de la cena. Me sentía atontado por el sueño, porque el
sueño diurno es como el pecado carnal: cuanto más dura, mayor es el deseo que
se siente de él, pero la sensación que se tiene no es de felicidad, sino una
mezcla de hartazgo y de insatisfacción.
Me senté a escribir sin pensarlo, con la armonía de la rutina
y de los gestos repetidos.
La mesa estaba llena de hojas en blanco. La mayoría las había
arrugado con rabia esa misma mañana, y
en ese momento, a medida que la mente se ponía en marcha pausadamente, me hacía
gracia observar aquella metáfora de otoño ocupando todo mi espacio.
Tuve la sensación de que la máquina de escribir me miraba con
aire provocativo. “A ver si te atreves”, parecía lanzarme, dispuesta a hacer
sonar la campanilla de final de renglón, determinada a no volver a permitirme
aquel tecleo impertinente de la mañana, aquella onomatopeya del toc toc que no
había dado ningún fruto.
Me pesaban los ojos. Llevaba demasiado tiempo dibujando el
mundo sentado en idéntica posición, y había llegado a pensar que ni siquiera yo
era ya la misma persona, que algo de aquel ambiente frío y tenebroso se me
había metido en el cuerpo para quedarse a vivir.
Uní las manos y crují los dedos con gesto de pianista. Tomé
un último folio con delicadeza, haciéndolo girar despacio mientras oía el
quejido del carro. Me concentré en aquellas teclas blanco sobre negro en las
que ya había vertido un universo, y me
entretuve en escribir la palabra fin muy despacio, en el centro de la hoja, con
dignidad de letra mayúscula.
Nunca supe si aquella decisión fue producto del sueño
intempestivo que había durado hasta la hora de la cena. Sólo sé que aquella
tarde, entre folios descartados y sentimiento de hartazgo, juré que guardaría para
siempre el secreto del nombre, de aquel que siempre queda cuando ya ni siquiera
está la rosa.
uto.
Me pesaban los ojos. Llevaba demasiado tiempo dibujando el
mundo
sentado en
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uiera yo
era ya la misma persona, que algo de aquel ambiente frío y
tenebroso se
me había metido en el cuerpo para quedarse a vivir.
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un
último folio
con delicadeza, haciéndolo girar despacio mientras oía
el quejido del
carro. Me concentré en aquellas teclas blanco sobre neg
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había vertido un universo, y me entretuve en escribir la p
alabra fin muy
despacio, en el centro de la hoja, con dignidad de letra mayúscula
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Nunca supe si aquella decisión fue producto del sueño
intempestivo que
había durado hasta la hora de la cena. Sólo sé que aq
uella tarde, entre
folios descartados y sentimiento de hartazgo, juré que gu
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para
siempre el secreto del nombre, de aquel que siempre queda cua
ndo ya ni
siquiera está la rosa.
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