miércoles, 21 de abril de 2010

LA LUZ DE LAS ESTRELLAS

En el mundo en el que nos movemos estamos acostumbrados a oir una frase que empieza así: hoy es el día de..., y a continuación se añade tras la preposición una coletilla conocida, amasada y preparada con un marketing salvaje por el consorcio comercial de turno.
Nos llevamos el año pasando sin desfallecer del día de los Reyes al de los enamorados, al del padre, al de la madre y al del perrito faldero, bendecido este último, eso sí, por el bueno de San Antón.
Pero como del asombro y de la curiosidad dicen que uno nunca se cura, esta mañana he vuelto a quedarme "pasmada" al conocer que hoy se celebra la "Noche mundial en defensa de la luz de las estrellas". No me digáis que el título solamente no te pone la piel de gallina.
Pues bien. Esta iniciativa surgió hace tres años en una Conferencia que se realizó en Canarias, donde se decidió convocar a la población mundial para apagar las luces innecesarias y permitir al firmamento volver a brillar con "luz propia" al menos durante unas horas.
Sé que la idea es tan utópica como pedir que los ricos repartan sus riquezas o que alguna potencia mundial levante el pie del cuello de uno de esos pobres pueblos a los que exprimen de materia prima. Pero no podéis dejar de reconocer que la idea lleva implícita la belleza en la propia construcción de la frase.
Mirar las estrellas debe ser, posiblemente, uno de los gestos más antiguos de la historia del hombre. Observar un cielo estrellado en el silencio inquietante de una noche en el campo es con seguridad, la sensación más aterradora y a la vez más cierta que alguien puede llevar a cabo. Ese es el momento en el que realmente te das cuenta de que tú, tus problemas, tus vanidades y la de los otros, no son más que el insignificante vuelo de un mosquito zumbón en el infinito jardín del paraiso.
El lema de esta campaña es "Hay otra manera de iluminar la noche, ¡enciende las estrellas!"
Me encantaría poder encender una estrella para todas y cada una de las personas que quiero. La estrella que asegura la felicidad y la fortuna y que anda por ahí, fugaz en un firmamento azul oscuro.
Encendamos por una noche las constelaciones y dejemos que la bóveda celeste nos inunde con la calma infinita de su espacio. Seguro que merece la pena


11 comentarios:

primu dijo...

Una de las experiencias más bonitas que he tenido nunca y que al final se ha convertido en algo practicamente rutinario para mí,es disfrutar del cielo estrellado desde la cubierta de un barco,de madrugada,en medio del océano sin ver luces de costa,en oscurecimiento total,sin ver mas allá de dos palmos por delante de tí.Se puede observar a la perfeccion una cantidad exageradamente mayor de estrellas de las que se puede ver en tierra firme,se definen sus diferentes tamaños,sus distintas intensidades de luz y una sensacion imprensionante de tridimensionalidad al poderse diferenciar su mayor o menor lejanía de la tierra,además se observa la esfereidad de la Tierra en el horizonte perfectamente.Sensación de soledad aunque haya alguien contigo.

Mamen dijo...

Jo, qué experiencia. Tiene que ser precioso. A ver si cae un crucerito....porque en una zodia no creo que sea lo mismo.

Miguel Angel dijo...

Con las estrellas a las que tú te refieres, y no a los estrellados que somos muchos, que seguramente sería un tema sobre el que próximamente podrías versar...., bueno a lo que iba, me acuerdo de pequeño en un verano con mis primos del País Vasco y con mis primos franceses, paseando por un carril cercano al campo de mí tía María en Chiclana, una noche estrellada como muchas que podemos disfrutar, entonces escuche palabras de asombro de mis primos al observar aquel espectáculo, era como aquel niño que ve el mar por primera vez. Después de preguntar por qué tanto asombro, me explicaron que donde viven las nubes que siempre están no les permitían disfrutar de las estrellas, y entonces el asombro fue mío, claro. Por tanto el poder disfrutar de ellas es otra maravillosa razón que tenemos de poder vivir en este pedacito de la Tierra que es la Isla que nos da muchas cosas que realmente no sabemos lo afortunados que somos por poder disfrutarlas, y que por consiguiente creemos que tenerlo es algo de lo más natural.

JCR dijo...

Hace algunos meses, mi hijo el mayor paso unos días en la provincia de Ávila, concretamente en el Corralón. Dentro de dicho enclave se encuentra un lugar llamado la vía láctea, por lo visto según me comentó, es un paraje privilegiado para observar las estrellas, tal y como me habló tuvo que ser maravilloso.

Mamen dijo...

Mirar al cielo es algo espectacular. Yo tuve la suerte de trabajar durante un tiempo en el Observatorio de Marina. Por supuesto mi línea era la documentación histórica y no la astronómia, pero me permitió ver desde dentro como es un Centro de esas características, el personal tan especializado y bueno fue realmente "una pasada" que diría mi hija. A mí algo que me ponía nerviosa era el sismógrafo porque como capta cualquier leve movimiento, cuando me enseñaron el observatorio por primera vez me hicieron la broma de mostrarme aquellas líneas con picos y me creí que estábasmos a punto de un terremoto y era simplemente la vibración nuestra de haber entrado en la sala. Tengo muy buen recuerdo del lugar y del trabajo tan bonito que tuve allí.

primu dijo...

Lo más interesante del observatorio de marina es un cuadro de un almirante que cuando estás lejos se le ve barba y cuando te acercas desaparece la barba,es muy curioso jajajajaja.

Mamen dijo...

Esa historia es muy graciosa.
El Observatorio de la Armada de San Fernando es una maravilla tanto en cuanto al edificio como al contenido de éste. La biblioteca es espectacular. La mayoría de los volúmenes son del siglo XIX aunque hay alguno incluso del XV. En las tres salas de las que consta hay colgados cuadros de los directores que ha tenido el centro. Curiosamente hay uno que al parecer se pintó sobre un lienzo anterior y ahora, por efecto de la luz de una lámpara, según donde te pongas se ve al hombre que está dibujado o al mismo hombre envejecido con una barba blanca (que se trasluce del cuadro de abajo). Cuando trabajé allí, a menudo llegaba la guía turística con un grupo y en un momento determinado me hacía una seña o me sonreía y me decía ¿le contamos la historia del fantasma? Para los chiquillos sobre todo aquello era una locura y se acercaban y se alejaban para ver como envejecía o rejuvenecía aquel señor vestido de militar.

chapilaarpia3 dijo...

La verdad es que nunca celebro el día de casi nada, ni el de los enamorados, ni el aniversario de boda, etc., porque está claro que son productos del gran consumismo al que nos intentan someter constantemente. Preferiría que celebráramos el día de las estrellas, el día de la luna llena, el día del mar en calma o el día del senderismo; creo que de vez en cuando necesitamos que nos recuerden lo que realmente es importante en la vida y que por nuestra rutina acelerada y llena de problemas cotidianos no disfrutamos. Los problemas siempre van a estar ahí, pero la energía positiva hay que buscarla y una noche en la playa con cielo estrellado, luna llena y mar en calma es un espectáculo inigualable que te cambia la forma de ver las cosas.

Mamen dijo...

Estoy completamente de acuerdo. Los problemas van a seguir estando pero ese tiempo de calma, de respirar hondo y de quedarte un ratito en silencio, te vuelven a cargar de chispa el mecherito de la esperanza.

geli dijo...

Bueno, aunque el marketing aborda día a día nuestras vidas, me gusta de vez en cuando celebrar el día de algo (nunca con regalos, sino felicitando y sonriendo a aquel que le toca ser el homenajeado) y así salir un poco de la rutina de tener que celebrar a diario "el día de la marmota", jeje

Por cierto, lo de apagar luces innecesarias deberíamos hacerlo siempre, lo dijo en el sentido real (por eso de la ecología y el ahorro energético) y también en el metafórico. A veces las bombillas que tenemos encendidas cerca, aunque tienen poca intensidad, no te dejan ver la verdadera luz que brilla a lo lejos. Perdonad la parrafada, pero es que hoy estoy que me salgo!!.

Mamen dijo...

Sí, eso es verdad, aunque sea un engañabobos del corte inglés pero esos días son diferentes y te hacen cambiar el ritmo del paso.

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